Variaciones Enigma, de André Aciman
Variaciones Enigma, de André Aciman

Variaciones Enigma

Fotografía de Estibaliz Gallego

Cuando un libro te gusta mucho y esperas ansioso la siguiente novela de su autor, el resultado puede decepcionar. Sin poder evitarlo buscas los personajes e incluso las situaciones de aquél que te gustó tanto.

Pensé que esto me pasaría con Variaciones Enigma.

Hace ya algunos años que leí Call me by your name sin evitar enamorarme de sus protagonistas: un adolescente sensible e inteligente, pero con los ataques de hormonas típicos de su edad y un Apolo de 24 años que le inicia en el amor. Apenas se habían apagado esas ascuas cuando la película, estrenada y oscarizada el pasado año, las volvió a encender.

Aunque estaba ansioso por leer este nuevo trabajo de André Aciman, no podía evitar establecer ciertas comparaciones con la novela anterior, aún a sabiendas de que le iban a restar valor.

Cuando terminé el libro pensé que Variaciones Enigma era un título acertado.

La prosa de André Aciman fluye como la melodía de Elgar. Te envuelve con sus notas de violín y te emociona con un final majestuoso porque todo gira en torno a ese “enigma” que es el deseo. Un enigma que Aciman no nos resuelve porque, simplemente, no hay nada que resolver.

Con el deseo todo vale, todo cuenta. A cada uno le zarandea de infinitas formas incluso en contra de todo aquello que nuestro propio raciocinio nos marca.

Pensé también que había cierto resquicio misógino en él, o tal vez fuera casualidad que dos de los tres personajes femeninos principales tuviesen un comportamiento controlador una y algo neurótico la otra.

Los hombres, por su parte, se representan perfectos de cuerpo y de mente. Tal vez esa sutil misoginia esté en el autor, o tal vez esté en mí cuando lo leía, o en ambos. Todo es posible.

Y porque todo vale el libro puede leerse tanto como una novela como una recopilación de relatos breves que se conectan con acierto. El protagonista es el mismo en todas las historias y algunos de los personajes se repiten (aunque nunca con la misma intensidad). Juntos, podrían representar las diferentes edades del deseo.

Empezamos con la iniciática. Paul nos recuerda al joven Elio de Call me by your name primero ansioso, lleno de un deseo que no sabe gestionar, después perplejo y enamorado al descubrirlo y finalmente triste y dolido por perderlo.

Si Elio fantaseaba con Oliver introduciendo su pene en un melocotón deshuesado, Paul fantasea con un bello ebanista acariciando la madera pulida con sus manos. ¿Puede haber algo más universal que esa extrapolación del deseo, que ese anhelo y ese juego onanista?

En los relatos sucesivos podemos imaginar (porque no lo dice explícitamente) a un Paul que va madurando. Sus parejas y sus deseos se suceden y lo de menos es que sean mujeres u hombres.

El deseo sacude y urge indistintamente hasta que, tras la consumación, llega la monotonía. Alguien dijo que el matrimonio es el principal enemigo del deseo, pero para no herir susceptibilidades hacia los que se consideren felizmente casados, sustituiremos la palabra matrimonio por una de más amplio calado: cotidianidad. Y es obvio que Paul no se conforma con la desaparición del deseo porque en el relato siguiente ya le vemos deseando a otro o a otra como si fuese el verdadero y único motor de su existencia. Hasta el último de los relatos, tal vez el más nostálgico y plagado de flashbacks. Cosas de la madurez, supongo.

Si concluimos que la sucesión del deseo, o de los distintos objetos de deseo, es el tema principal del libro, no debemos obviar una cuestión que nos plantea Aciman en boca de Paul: la coherencia.

Reconocer que, aunque estemos con una persona, deseamos a otra con todas nuestras fuerzas (y Paul pasa dos años amando o deseando desesperadamente a Manfred antes siquiera de entablar conversación con él y mientras convive con una mujer).

¿Debe conllevar consecuencias?

¿Cabe hacer análisis de conciencia y dilucidar a quien amamos más o con quien nos vamos a quedar?

¿Hay que prescindir de los sentimientos de los otros implicados y cumplir el dicho de que el amor es egoísta?

No hay una única respuesta a eso.

Variaciones Enigma es naturalmente una novela, un trabajo literario hermoso y sensible. Pero la literatura es, a menudo, una exageración (por concentración) de la vida cotidiana. Así como Elio, en Call me by your name vivirá toda la vida con el recuerdo de Oliver (ups, spoiler) y será incapaz de encontrar otro amor (si no lo remedia la secuela de la película que actualmente están rodando y en la que el propio Aciman interviene en el guion), Paul vive en su vida muchas vidas y muchos amores, tantos que roza la irrealidad, con perdón tal vez de Enrique VIII, de Liz Taylor, de Zsaza Gabor y de algún que otro personaje homérico. Pero ello no le quita mérito ya que como suele suceder con la buena literatura, nos los hace vivir a nosotros, pobres mortales.

Al menos a mí que, sin poder evitarlo, me he vuelto a enamorar, esta vez de la sensibilidad y sofisticación de Paul, y de su permanente anhelo de deseo.

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Escrito por
Salvador Rich
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