Manifestación durante el Orgullo Crítico en Madrid en 2017
Manifestación durante el Orgullo Crítico en Madrid en 2017

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Fotografía de Álvaro Minguito

“En parte cada uno de nosotros se construye políticamente a través de la ​vulnerabilidad ​de nuestros cuerpos, como lugar de afirmación y de exposición”. ​Vida precaria,​ Judith Butler.

Llevo semanas, quizá meses, con la idea de Judith Butler que encabeza este artículo resonando con inusitada insistencia en mi cabeza.

Dos palabras: precariedad y vulnerabilidad “como lugar de afirmación”, de identificación, de construcción de nosotres como sujeto político.

Debo confesar que estas palabras también construyen una carta de amor porque al fin y al cabo, lo personal y lo político siempre acaban disolviéndose lo uno en lo otro.

Regreso a la cita de Judith Butler e intuyo (aunque en realidad lo sé) que algunos cuerpos fueron más vulnerables y precarios; se afirmaron y reafirmaron; se expusieron mucho más que el resto de cuerpos que más adelante se unirían en una ​comunidad imaginaria.

E​n un acrónimo para unir fuerzas.

Entre las letras que forman parte de ese acrónimo hay una especie de borradura.

Una borradura sucia porque los contornos de la letra siguen sintiéndose al palpar el papel como la presencia pasada que fue pero parece haberse esfumado.

Este artículo es un grito de denuncia.

Existe una honda inquietud ante la falta de reconocimiento y de agradecimiento hacia una de las letras que forman parte del acrónimo.

Hay una clara convicción de que la “T” de LGTB no ha recibido la atención debida y de que sus luchas han permanecido ocultas durante buena parte de los últimos años.

Aún cuando creo que fue en la precariedad y exposición de sus cuerpos en el espacio público donde se sitúa el origen de todo un movimiento de liberación social que afianzó y consolidó nuestros derechos fundamentales.

Nuestros derechos como ciudadanos de pleno derecho.

En este ejercicio de justicia y de memoria histórica es necesario embarcarse en el viaje y completar el trayecto hasta el origen de nuestra Historia.

¿Qué mejor momento que indagar en los libros, en los artículos y en las películas que en este 2019 en el que se cumple el 50º aniversario de la(s) Revuelta(s) de Stonewall?

Hay dos artículos que me han impresionado especialmente mientras me documentaba para la escritura de estas líneas: ​1a manifestación trans en España; LES CAROLINES y ​1977: El día que la homosexualidad salió de la clandestinidad para tomar la calle.

Aunque los acontecimientos que se relatan en cada uno de ellos están separados por más de cuarenta años, tienen muchos aspectos en común: el papel protagónico que tuvieron las mujeres travestís y transexuales en las primeras manifestaciones públicas de reivindicación de derechos en el Estado español.

Han pasado cuarenta años más.

Saber que hasta mayo de 2018 la transexualidad estaba clasificada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) dentro del capítulo relativo a los trastornos mentales asociados con problemas de personalidad y del comportamiento en su Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud(DCI) provoca una herida que todavía no cicatrizará porque ahora la transexualidad se valora como un problema de salud sexual en la última versión de esta guía, la conocida como DCI-11.

Si miro atrás recuerdo los octubres de los últimos años, en los que nos manifestábamos recorriendo el centro de Madrid gritando a favor de la despatologización de la transexualidad.

Éramos muy pocos en comparación con las ​fiestas del MADO (Madrid Orgullo Gay), aunque nuestras citas eran indudablemente más necesarias porque la precariedad, la violencia y la vulnerabilidad seguían y siguen viviéndose con una intensidad en el límite de lo soportable sobre los cuerpos trans.

Mar Cambrollé, activista y Presidenta de la Plataforma Trans, impartió una conferencia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid en el que expresó muchas ideas, aunque una se quedó profundamente grabada en mi interior.

Mar comentó que quizá sea necesario revisar con más detenimiento la Historia de la ​comunidad L​GTBQ y modificar algunos datos, porque cuando se afirma que más de cinco mil homosexuales estuvieron en cárceles franquistas estamos incurriendo en un error de la memoria.

Porque no se trataba solamente de hombres, sino que una mayoría de esos seres humanos encarcelados fueron personas que no se identificaban con el género masculino.

Cambrollé recordó que no se trataba de revisionismo histórico, sino tan solo de asumir que la historia no se ha contado con total claridad, por lo que es necesario hacer justicia con un sujeto histórico que todavía se encuentra en tránsito tras más de 40 años de reivindicaciones.

Este viaje para las personas transgénero está siendo rotundamente ignominioso porque deben enfrentarse al juicio y desprecio de los demás, a los diagnósticos psiquiátricos, a la pérdida de años de vida y a una laguna en sus biografías por el hecho de asumir lo que quieren ser.

Y me da miedo y congoja pensar en su falta de autonomía, en imaginarlas solas en las consultas de los doctores, en las preguntas impertinentes, en las medicaciones innecesarias.

Y que haya llegado casi a nuestro presente y nosotras sin saberlo.

Este artículo es un grito de denuncia, pero también es una carta de amor.

Mi pareja es un chico trans. Lloro y lloro al pensar en el dolor y en el miedo que tuvo que pasar en aquella clínica de Barcelona.

Me entran ganas de gritar y me entran más ganas todavía de viajar en el tiempo y poder estar al borde de su cama para decirle que cuente conmigo.

T en Mayúsculas.

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Escrito por
Sergio Vega
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