Siempre fui Vero
Siempre fui Vero

Siempre fui Vero

Fotografía por: Vero

Al principio dudé entre Claudia o Laura, pero ninguno de los dos nombres me convencía. Me aclaré cuando Madonna vino de concierto a Buenos Aires en 1993.  La cantante en realidad se llama Madonna Louise Veronica Cicconne. Yo la adoraba y me disfrazaba como ella. Me identifiqué en seguida con su nombre y de ahí viene Vero.

La primera vez que me vestí de mujer estaba aterrorizada. Tenía mucho miedo. Ese año yo vivía en la Avenida Corrientes, en pleno centro de Buenos Aires, y eso yo no sabía si era bueno o era malo. Recuerdo que tenía muchísima ansiedad. ¿Qué me dirían? ¿Se reirían de mí? ¿Me insultarían? ¿Me pegarían? ¿Y si me llevaban presa? Todos estos pensamientos pasaban por mi cabeza al mismo tiempo.

Cuando era niña, una vez, mi madre me dijo que tenía que ir a comprar el pan. Tuve que ir sola, claro. Cuando llegué a la panadería a la que me dijo mi madre que tenía que ir, ya no quedaba pan. Y tuve que ir a otra, que estaba un poco más lejos, no mucho, pero que para llegar a ella tenía que pasar por delante de una cochera. Eso era peligroso porque siempre salían coches y no los veías venir. Pasé la cochera para llegar a la panadería y comprar el pan. Al llegar a casa, mi madre se enfadó mucho porque había desobedecido y me dio una bofetada. Creo que tenía tanto miedo porque iba a desobedecer. ¿Y si me pegaban por vestirme de mujer?

Al principio solo me atreví a hacerlo de noche. La primera vez estaba temblando. Me recuerdo a mí misma con mis tacones y mi peluca abriendo la puerta de la calle con la mente y la mirada en blanco aguantando la respiración. No veía nada. Salí a la calle. Di dos pasos, o tres, y como estaba tan asustada volví a meterme en el portal de casa. Al día siguiente lo volví a intentar. Seguía estando aterrorizada, pero no podía no hacerlo. Salí a la calle y fui capaz de llegar hasta la primera esquina. Di media vuelta y regresé a casa.

La tercera vez todo cambió. Di la vuelta a toda la manzana y algunos hombres me piropearon. Eso me dio mucha seguridad, porque me veían guapa tal y como era. Para ellos Vero era una mujer hermosa. Regresé a casa emocionada. Yo era Vero. Siempre fui Vero.

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Escrito por
Daniel Vilosa

Periodista especializado en actualidad LGBT, es fundador de La Pluma Invertida. Trabaja como ejecutivo de cuentas en la agencia de marketing Goalplan y gestiona puntualmente medios en el gabinete de comunicación IP Comunicación. Vive en Barcelona.

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