Pose es pedagogía, memoria histórica y mucho brillo
Pose es pedagogía, memoria histórica y mucho brillo

Pose: Pedagogía, memoria histórica y mucho brillo

Fotografía de FX

El 3 de junio de 2018 se estrenó en España Pose, la serie que un año después sigue sirviendo como referente para conocer y aprender más sobre qué es y qué significa ser transexual.

Su director, Ryan Murphy, es bien conocido por introducir en sus producciones tramas de temática LGBT, dejando ver las realidades que sufrimos dentro del colectivo. Con producciones como Glee pudimos comprobar cómo algunos de sus personajes se sobreponen a las adversidades que la sociedad les impone por ser homosexuales.

Murphy también es director de American Crime Story, en la que trata diversos crímenes mediáticos, dejando su seña LGBT. En la segunda temporada de American Crime Story, Murphy se basa en el asesinato de Gianni Versace, diseñador abiertamente gay y cuya orientación sexual le ocasionó diversos problemas en su carrera profesional.

En esta ocasión, Pose nos relata el movimiento trans en la Nueva York de los años 80. La historia se desarrolla alrededor de la cultura ball nacida en la época. Las ballrooms eran un espacio de liberación para drags, trans y toda la comunidad LGBT donde podían expresarse tal y como eran.

Cada noche los participantes en estos encuentros concursaban según una categoría inspirada en escalafones sociales a los que no podían acceder, como “aristocracia”, “majestuosidad”, etc. Otras veces las categorías tenían que ver con actitudes para elegir a la persona más sexi, al mejor cuerpo o a la mejor cara.

Los participantes se enfrentaban a un jurado que puntuaba y repartía los premios según su criterio. El ambiente era festivo, pero también competitivo entre casas o hermandades que luchaban por conseguir  un mismo trofeo.

En las ballrooms también existía discriminación entre blancos y negros. Por ello, en algunos casos, para poder entrar a un ball, las personas negras debían cambiar el tono de su piel. Sin embargo, la sociedad negra neoyorquina creó sus propios balls, principalmente de personas morenas pero abiertos a toda la sociedad, como es el caso de la historia que narra Pose.

Gracias a estos eventos se popularizó el estilo vogue o voguing por ser el preferido de los asistentes. Este estilo de baile se basaba en las poses de las modelos de la revista Vogue, que imitaban a los jeroglíficos egipcios. Posturas angulares, lineales y rígidas de brazos y piernas que gracias a la canción de Madonna, titulada Vogue, se dio a conocer mucho más.

Otro de los puntos a favor que convierte a Pose en una serie de referencia dentro del colectivo LGBT es que sus personajes trans son interpretados por actrices trans. Esto es algo por lo que el colectivo lleva luchando desde hace varios años. Aunque es complicado que los directores introduzcan en su trama personajes trans, cuando lo hacen utilizan actores cis, como es el caso de La Casa de las Flores, con el personaje que interpreta el actor español Paco León.

También en 2018, la polémica se desató con Scarlett Johansson y su anuncio sobre su nuevo papel de un hombre trans en la película Rub&Tug. Tanto fue así que Scarlett decidió renunciar al personaje y dar paso a actores trans que estaban siendo marginados por la industria del cine.

Otra referencia interesante la encontramos en Paquita Salas, de la mano de Los Javis, que, en la tercera temporada, introducen a Laura Corbacho, actriz trans, para intentar romper, de alguna forma, con este estigma y destapar el debate que hasta ese momento estaba siendo silenciado.

Pero volvamos a la serie que nos ocupa: durante varios meses Ryan Murphy estuvo buscando al quinteto perfecto para protagonizar Pose. Y las encontró: MJ Rodríguez en el papel de Blanca, Indya Moore interpretando a Angel, Dominique Jackson haciendo de Elektra, Hallie Sahar como Lulu y Angelica Ross en el papel de Candy.

En Pose no todo es brillo

Dentro de los balls todo es fiesta y triunfo, pero al acabar la actuación de la noche cada personaje debía enfrentarse a su cruda realidad.

Ryan Murphy le otorga a cada actriz una lucha distinta que superar. De esta forma el espectador puede ver las diferentes barreras a las que la comunidad LGBT+ debe enfrentarse.

En Blanca, una de las protagonistas y madre de la Casa Evangelista, podemos apreciar la discriminación que sufre en un bar gay. La transfobia, que es intolerable en cualquier sentido, se agrava todavía más cuando se sufre por miembros del propio colectivo LGBT.

En uno de los capítulos Blanca decide ir a un pub gay a tomar unas copas, siendo expulsada por ser transexual hasta en dos ocasiones.

En estas escenas es insultada y los atacantes usan el masculino para referirse a ella, utilizando uno de los insultos más graves que puede sufrir una persona transexual. La segunda vez que acude es arrestada por la policía y encarcelada por ello.

Este ejemplo recuerda a la infancia de los personajes, en las que tuvieron que hacer frente al bullying en el colegio y a la no aceptación en sus casas. Además, con este hecho nos hacen ver que el problema no se queda solo en un patio de recreo o en una reunión familiar, si no que transciende hasta otros pilares de la sociedad como es la policía. En teoría el sector policial debe luchar por nuestra seguridad e integridad, aunque, con estos actos, solo nos demuestra que no nos representa.

Ser trans es una batalla diaria

Otra de las dificultades que debe afrontar, en este caso el personaje de Elektra, es el rechazo que sufre cuando decide someterse a la operación de cambio de sexo.

La madre de la Casa de la Abundancia tiene un novio que le concede todos los lujos que desea. El problema aparece cuando ella se somete a la operación más importante en su vida, el cambio de sexo genital. Su pareja se opone desde el principio y cuando decide dar el paso, la deja. Es en este momento cuando Elektra se queda sin dinero y debe volver a trabajar en los peep shows: bailar en escaparates privados y semiclandestinos cuando los hombres introducen algunas monedas.

A raíz de este hecho surge un debate moral. El uso de la comunidad trans como fetiche sexual, como si se tratase de un juguete o un simple trozo de carne. Sin embargo, si ahondamos más en este asunto encontramos mucha homofobia y transfobia.

Se podría llegar a pensar que al amante de Elektra le gustan los hombres, ya que siente atracción sexual por sus genitales. Aun así, mantiene relaciones sexuales con personas trans porque así es “más heterosexual”, ya que ella es una mujer.

Él obedece al estereotipo de hombre blanco triunfador y de negocios y, por ello, incluso para él mismo sería un escándalo confesarse como homosexual. Sin embargo, si sus relaciones son con una mujer trans, que no ha llegado a operarse, él se acuesta con una mujer (como manda la sociedad) que mantiene los genitales masculinos (los genitales por los que verdaderamente siente atracción).

¿Cómo lo catalogaríamos? ¿Fetichista, homófobo o tránsfobo?

Ryan Murphy también habla de VIH

Una vez abordada la trama de la identidad trans, el director de Pose nos da una lección de historia y concienciación sobre la epidemia del virus del VIH, cuando derivaba en SIDA, entre los años 80 y 90.

La serie se sitúa en una época en la que el virus ya se había cobrado la vida de muchas personas, sobre todo de la comunidad gay y trans. Las autoridades del gobierno de Ronald Reagan miraron hacia otro lado y no hicieron frente a este problema.

Además, la medicación estaba en fase experimental y no se tenía esperanzas sobre su efectividad. Quien poseía el virus estaba abocado a una muerte segura. El VIH fue catalogado por los medios de comunicación como el “cáncer gay”. Incluso los más conservadores y religiosos justificaban esta epidemia como un castigo divino por no seguir la heteronormatividad.

Actualmente la infección ha cambiado mucho, ya que gracias a los avances farmacológicos ha pasado de ser terminal a ser crónica. A pesar de los adelantos sigue existiendo bastante desconocimiento. Dicha ignorancia nos conduce al miedo profundo al recibir el diagnóstico y a sentir básicamente el mismo temor que sintió uno de los personajes principales cuando descubrió que tenía el virus. Por ello es sencillo empatizar con él y hace tan necesario que exista una educación sexual más profunda y concienzuda con este tema.

Pose nos enseña que nunca estaremos solos

Una vez terminas de ver la serie se hace más que evidente su valor pedagógico.

Es obvio el valor de memoria histórica que posee esta producción. Tanto del movimiento trans, como de la ball culture y de la epidemia de VIH.

Nos ayudan a comprender por qué nacen los shows exclusivos para la comunidad transexual, justificados por la propia exclusión de la sociedad. Además, nos permite comprobar la desprotección que sufrieron en la época por parte de las autoridades sanitarias.

Pose es una serie para aprender, para disfrutar con los brillos, los espectáculos y, ¿por qué no?, con los esculturales cuerpos del elenco de actores.

Pero sobre todo es una serie para enseñar.

Enseñar que nunca estarás solo porque existen muchos como tú, que todavía no conoces.

Pose también lanza un mensaje esperanzador: aunque te inunde la tristeza en un frío banco, en una fría noche en el inmenso Nueva York, puede que aparezca tu ángel de la guarda que te guíe hasta el lugar donde debes estar. Un ángel que te acompañará hasta cumplir tus sueños y que vuelve a confirmar la premisa de que después de la tormenta siempre sale el sol.

Porque en la vida se trata de poner solución a los problemas que te aparecen. Porque si tu familia te da la espalda, uno de los inconvenientes más grandes a los que tienes que hacer frente, cambias de familia y vuelves a empezar.

No quiere decir que sea fácil, pero no es imposible.

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Escrito por
Yónatan González García
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