Los patios coeducativos
Los patios coeductivos

Patios coeducativos (o no jugar al margen)

Fotografía de Scott Webb

Esquivar la pelota

Cuando pienso en mis años de colegio tengo una imagen clara: un balón atravesando el aire en dirección a mi cara. A lo largo de los años, y después de haber pasado por muchos patios de escuelas, la imagen del balón asesino perdura.

Como niño y como maestro he odiado la hora del recreo: esa media hora eterna en la que solo te dedicas a esquivar una pelota.

Juego libre

El curso pasado tuve una mañana intensa con mi clase.

Habían trabajado muy bien y decidí premiarles bajándomelos al patio. “Juego libre, juego libre”, me pidieron. Pues venga, juego libre.

Lo que pasó fue lo siguiente: la mayoría de los  niños monopolizaron el balón y se pusieron a jugar al fútbol, mientras que las niñas se desperdigaron por el patio, o simplemente se sentaron en las escaleras a ver a los niños jugar.

Me sentí dentro de una cápsula del tiempo, y viajé hasta el año 1988, cuando yo estaba en 3º de EGB, y también me tenía que sentar en la línea de banda a ver rodar una pelota.

Del ensimismamiento me sacó un griterío. Que si falta, que si penalti, que si te has tirado a posta, que si eres un manta, que si maricón.

Ahí ya me convertí en la señorita Rottenmeier, les quité la bola, los puse en fila y me los subí a la clase.

Mientras subíamos seguían discutiendo, uno de ellos con una herida en la pierna a la que había que darle puntos de sutura sí o sí. Les castigué sin fútbol una semana, y entonces comprendí una cosa: tonto eres si castigas a tu clase de niños de 8 y 9 años sin poder jugar a la pelota.

Pensé que, o les daba una alternativa de juego, o cuando llegara el viernes me tenía que coger la baja.

O fútbol o nada

En los años de infancia veía como el recreo se organizaba en torno al maldito fútbol. Todos los niños nos aglutinábamos en torno a los dos capitanes, que como Zeus y Júpiter iban decidiendo tu suerte. La mía se resume fácilmente: gordito y mariquita, te toca de suplente.

Y allí sentado un poco más allá de la línea de banda mis ojos se iban a los juegos de las niñas, la comba, la goma elástica, el pañuelito… Si me hubieran levantado las uñas de los pies no hubiera sufrido tanto.

Un día te hartas, te aburres de que te elijan siempre el último, de pasarte esa eterna media hora viendo como todos disfrutan menos tú, y te vas de la cancha para adentrarte en el maravilloso mundo de cualquier juego que no sea el sacrosanto balompié. En ese mundo solo habitan niñas, y entonces oficialmente pasas de ser mariquita, a ser maricón. ¡Toma ascenso!

Los niños al fútbol y las niñas a cualquier cosa que no sea el fútbol. Eterno binomio. Y en lugar difuso, entre Pinto y Valdemoro, tantos niños que nos hemos pasado los mejores años de nuestra vida esquivando el balón. Así era en 1988 y así es en 2020. Más de treinta años después y seguimos donde estábamos.

¿Qué es un patio inclusivo? ¿Y un patio coeducativo?

Y en estas un día una amiga, también maestra, me dice, “en mi cole hemos hecho un proyecto de patios inclusivos y coeducativos, y muy bien”. ¿Muy bien?, si me daban ganas de llorar, aquello sonaba mejor que una canción de Barbra Streisand.

Patio inclusivo para que las niñas y niños con necesidades especiales (con autismo, con discapacidad intelectual, con problemas de conducta y atención) no se pasen la media hora del recreo sentados en un rincón.

Patio coeducativo para que la cancha de juego no sea una barrera infranqueable para las niñas y los niños que no queramos jugar a lo de siempre.

Coeducación para superar la dicotomía de juegos de niñas vs juegos de niños.

Un reto de futuro

Como hombre homosexual y como maestro me he puesto a leer experiencias bastantes estimulantes sobre como organizar la hora del recreo para que el fútbol no sea la única opción. Existen otros deportes, donde también interviene un balón (el prisionero), existen juegos tradicionales que están a punto de perderse, y que necesitan ser rescatados; y lo maravilloso de estos juegos es que da igual tu género o tu orientación.

En el colegio donde han dado mis huesos este año, el Colegio Público Federico García Lorca de Móstoles, se ha creado un proyecto que se ha llamado “Patios Divertidos” (estar sentado en la línea de banda viendo meter goles es taaaan divertido).

Organizar la hora del recreo de manera que haya grupos de niños que puedan ir a cantar al coro del colegio, crear un grupo de teatro para ensayar durante los recreos, niños que pueden ir a jugar al ajedrez, o simplemente pasar esa media hora en una sala chill out, donde las niñas y niños pueden ir a trabajar en la decoración de los pasillos del centro, a hablar y comunicarse, a lo mejor huyendo del balón, o simplemente porque consideran importante COMUNICARSE.

Como esta experiencia puede haber cientos a lo largo de toda la geografía educativa de este país, pero lo importante de todo esto, es que no solo los niñas se apuntan a coro o a teatro, no.

Cada vez hay más niños que ven con buenos ojos las alternativas al fútbol. Lo ideal sería el no seguir apostando por juegos de roles definidos (los niños al fútbol, las niñas a cualquier otra cosa que no sea fútbol).

Si a los homosexuales de mi generación (hombres y mujeres) nos hubieran dado esta oportunidad, hoy estaríamos un poquito mejor de la cabeza, y lo más importante: chavalas y chavales, que por su orientación sexual ven sobrevolar sobre su cabeza un balón de badana que lleva el nombre de BOLLERA o MARICÓN, dejarían de verlo. Y si no, vete a preguntar a cualquier instituto.

Queda mucho para conseguir que la coeducación, el eliminar los roles de género de los patios de los coles, sea una realidad. Hacen falta docentes que se impliquen, maestros que entiendan que no podemos permitir que haya tanto alumnado viviendo al margen de la cancha, pero…, ¡ay, dejadme soñar!

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Escrito por
Raúl Duque Motilla
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