Nueva York de un plumazo
Nueva York de un plumazo

Nueva York de un plumazo

Fotografía de Verónica Mur

Había una vez un chico de provincias que, tras probar suerte un tiempo en Madrid decidió dar el salto a la Gran Manzana. Allí no solo triunfó: arrasó. Y no precisamente en lo profesional.

Hombres de toda edad, raza y condición desfilaron por su cama y él en la de ellos en una espiral de promiscuidad y experimentación. Todo a la vez, porque cada relación le permitía empaparse de los usos y costumbres sociales de los neoyorquinos.

Así podría resumirse en un primer vistazo el argumento de Nueva York de un Plumazo, la novela de Mateo Sancho que ha editado Roca Editorial este verano. Pero solo al primer vistazo, porque los libros, como los vinos, hay que degustarlos con calma.

Nos cuenta, entre otras cosas, que Nueva York es la ciudad más abiertamente gay del mundo. Tanto, que no tiene ni cuartos oscuros ni saunas “especializadas” porque no son necesarias.

Ser gay y soltero en Nueva York es más común que ser heterosexual y casado, al menos cuando uno sale por los sitios de moda. A Simón, el protagonista y alter ego del autor, le sorprendió verse convertido, por obra y gracia de Grindr en alguien exótico que, según el criterio neoyorquino, no podía considerarse “blanco”.

Pero también se dejó llevar rápidamente por el desprejuicio más absoluto, por las modas, por las formas de ligar y de cortar (del goshting y del benching) del cuándo, del dónde y del cómo… y por todo lo que compone la parte divertida de la novela.

Lo cierto es que Nueva York de un plumazo puede leerse como una guía socio-sexológica del Nueva York más queer. Al mismo tiempo, como novela romántica o sentimental, entre sus páginas encontré un significado más, que ni los extractos publicados ni la portada del libro (cosas del márqueting y del diseño) me hacían prever: una evocación de lo que significa para tantos jóvenes de hoy en día la condición de emigrado.

Ese fue mi punto de enganche con la novela: asumir que, por muy bien que le vayan a uno las cosas en ese hogar elegido, por muy bien que lo pase (y el protagonista, al menos al principio, parece pasarlo de fábula) es imposible dejar del todo atrás nuestras raíces.

A medida que la narración avanza, la morriña se acentúa. La fiesta perpetua que parece ser Nueva York se disuelve como el azúcar en el café. Aunque quede el poso. En mi opinión ese corazón partido de Simón (el protagonista) es el trasfondo de la novela, lo que le da profundidad y valor.

Está claro que el objetivo del libro por encima de todo es divertir, y para eso, Mateo Sancho se las pinta solo con un lenguaje fluido e irónico. Pero, como lo cortés no quita lo valiente, a la vez es brutalmente sincero (tanto que le daba cierto apuro que sus padres llegaran a leerlo). 

Tampoco es que sea un Sombras de Grey en versión gay y, aunque uno tenga la impresión en los primeros capítulos de encontrarse ante todo un picaflor, no hay mucho en que recrear la libido. Habrá también quien encontrará alguna coincidencia, como Eduardo Mendicutti, con la serie Sexo en Nueva York.

Lejos de desmentirle, puntualizaré que, por lo menos en mi caso, esta semejanza se concreta en los primeros capítulos de la primera temporada –por cierto, mis favoritos- cuando la serie tiene una narración mucho más costumbrista y sociológica, antes de centrarse en las idas y venidas sentimentales de Carrie y sus amigas.

Tuve el honor de presentar el libro en Barcelona, en la librería Antinous, junto al psicólogo Gabriel J. Martin y el propio autor y su editora, Blanca Rosa Roca.

Y surgió el debate.

¿Con qué intención uno escribe un libro basándose –y novelando- sus hazañas sexuales en una ciudad nueva? Mateo Sancho no quiere ponerse medallas sobre su currículo sexual y sentimental en los últimos años. Quiere visibilizar, quiere desprejuiciar, y lo hace mostrándonos sus idas y venidas por una ciudad en la que nadie cuestiona al otro por su orientación sexual, y quiere decir con todo ello que otro mundo es posible.

Una Nueva York vibrante, viva, libre, aunque un tanto artificiosa. Lo que es la Babilonia que nos describían los antiguos aún con su carga católica de pecado y perversión, pero que todos anhelábamos en secreto aún a sabiendas de que nunca es tan perfecta como en nuestra mente.

Lo malo es que, en estos tiempos en que uno tiene la impresión de ir hacia atrás como los cangrejos, no podemos evitar pensar que nos estamos alejando de ese ideal.

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Escrito por
Salvador Rich
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