Manual del perfecto dejado
Ilustración de Iván Harón

El condicional pluscuamperfecto de subjuntivo

ilustración de Iván Harón

El condicional pluscuamperfecto de subjuntivo es, en las rupturas de pareja, “ese lugar en el tiempo donde lo que no pasó podría cambiar lo que está ocurriendo y con ello evitarnos sufrimientos y malos tragos”.

Esta es la definición que el Manual del perfecto dejado realiza de ese tiempo tan difícil de definir que se produce justo cuando, además de dejarnos, lo hacen después de enterarnos de que nos han sido infieles vete tú a saber durante cuanto tiempo.

En el condicional pluscuamperfecto de subjuntivo nuestro mundo se va a la mierda.

Tal y como escribe Flanagan McPhee, “no paramos de darle vueltas y de pensar qué podría haber pasado y qué podríamos haber hecho para solucionarlo. Intentamos encajar nuestro amor por alguien que ya no nos quiere”.

Esto lo hemos hecho todos en algún momento de nuestras vidas en alguna de las múltiples rupturas que hayamos podido tener, nos hayan sido infieles o no.

Porque no nos engañemos, a todos nos dejan, por lo menos, una vez en la vida.

El Manual del perfecto dejado está escrito por Vicente Catalá Tormo (más conocido como Flanagan McPhee, por su cuenta de Twitter con más de 24.600 seguidores) e ilustrado por Iván Harón, donostiarra afincado en Madrid.

El resultado es un libro que se lee ágil y que se lee bien, convirtiéndose en un ejercicio terapéutico complementario al que podrían ofrecernos amigos, familia y polvos rápidos cuando todo se tambalea.

De eso trata precisamente Manual del perfecto dejado. El libro es el resultado de unos textos que inicialmente Flanagan redacta a su psicóloga. El autor estuvo escribiendo durante diez meses para desahogarse y liberar la mente de las emociones del desamor.

No es un manual al uso y creo que ni siquiera es un manual. Sí es cierto que contiene nueve reglas y un corolario que guían al lector por ese camino azaroso y en ocasiones fúnebre que supone una ruptura, desde el Día D (léase con mucha atención el capítulo “Las primeras veces” dentro de la regla nº1), hasta la indiferencia de cuando dejamos en el pasado las emociones que deben, precisamente, quedarse en el pasado.

En cada relato de cada regla piensas si sentiste lo mismo que sintió Flanagan cuando lo escribió. O lo mismo que Flanagan quiso transmitir cuando lo escribió. Te identificas con su relato y su viaje interior al infierno de la vulnerabilidad más absoluta precisamente porque todos somos vulnerables, aunque estemos en la cresta de la ola.

Las frases son cortas, pero dan en el clavo. No sobra una palabra, ni una coma. El punto y aparte se produce en el lugar adecuado en el momento adecuado. La redacción es impoluta y el mensaje te atraviesa el corazón, como hacen las personas que saben comunicarse. Y escriben bien.

Pero el Manual no tendría sentido sin Iván Harón, el ilustrador que da sentido estético a todo el libro. Su portada, cargada de simbología, anticipa lo que vamos a leer.

Una silla coja como símbolo del sufrimiento del ser querido y que tiene que ser sustituida por una muleta que bien puede representar a la familia, a los amigos, o al entorno en el que te apoyas para no derrumbarte.

Unos cuernos, que se pueden interpretar de dos formas distintas: por un lado, la infidelidad, y por el otro, el “cadáver” que sobrevuela tu cabeza permanentemente y que corona el sillón, que representa el personaje.

Por último, un cojín con plumas, que simboliza al cuervo. Representa la traición, el engaño y el haber descubierto que la persona que has amado te ha sido infiel.

Las figuras retóricas son la base del trabajo de Iván. En este Manual del perfecto dejado representan los diferentes estados de ánimo del protagonista.

A partir de aquí, cada capítulo y cada regla tiene su ilustración. Si pusiéramos cada una de ellas una detrás de la otra y las fuéramos dejando pasar tras retirar con rapidez el dedo pulgar, veríamos cómo la figura humana representada va ganando protagonismo, como si extendiera sus alas y reafirmase su presencia, de la misma manera que el protagonista supera cada una de las etapas de su duelo.

La armonía entre palabras y dibujos es evidente. No predomina un formato sobre el otro. Cada uno mantiene su independencia. Los textos acompañan al dibujo y viceversa, demostrando una colaboración extremadamente afinada en la que el tándem artístico funciona con coherencia y sin pretensiones egocéntricas.

La obra no se refiere solo a una persona que te ha hecho daño: con el Manual del perfecto dejado repasas tu historia sentimental, la de tus amigos más cercanos y te identificas también con aquellos a los que apartaste de tu vida porque, o bien no había compatibilidad, o bien sabías que era lo mejor para ti.

Leer el manual es darle un nuevo significado al concepto de ex, para lo bueno y para lo malo.

Puedes encontrar el Manual del perfecto dejado aquí.

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Escrito por
Daniel Vilosa

Periodista especializado en actualidad LGBT, es fundador de La Pluma Invertida. Trabaja como ejecutivo de cuentas en la agencia de marketing Goalplan y gestiona puntualmente medios en el gabinete de comunicación IP Comunicación. Vive en Barcelona.

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