Jordi Domínguez-Macizo
Es el autor de la novela "Los chicos del parque".

Los chicos del parque

Fotografía de Abraham Martínez

Jordi Domínguez-Macizo escribió Los chicos del parque aprovechando un año de parón profesional. La idea ya existía. La novela es el resultado de la evolución natural de un relato que optó a proyecto final de carrera en su seminario de guion cuando estudiaba Comunicación Audiovisual.

El resultado es una novela negra dedicada a todos aquellos que deciden ejercer la prostitución por voluntad propia. El protagonista, Mario, tiene una doble vida. De día es profesor en un instituto, de noche es chapero en parques, saunas, discotecas y pisos privados del centro de una ciudad desconocida.

La aparición de un cadáver en una zona de cruising desata una trama de intrigas que se precipitan en un juego de engaños y mentiras muy excitantes. Prostitución, política, doble moral, mentiras y traiciones se mezclan en un relato trabajado hasta la última coma en el que todos tienen un secreto que, por su bien, es mejor que no se sepa.

Los chicos del parque es una novela trepidante muy bien construida. Se lee bien y se lee rápido. Una novela fascinante y cautivadora cuyo único pecado ha sido no saber escoger bien su envoltorio. Según confiesa una dependienta de una librería del centro de Madrid, “la novela es espléndida, pero la portada no invita a llevársela”.

A pesar de la imagen gráfica, la novela tiene un dinamismo que Jordi Domínguez-Macizo entreteje con inteligencia. Existe un ligero abuso de adjetivos y adverbios, pero en este caso resulta un hecho natural al dar forma a unos protagonistas que valen más por lo que callan que por lo que cuentan.

Aunque no es fácil interconectar los temperamentos de unos personajes ahogados por secretos vibrantes y deudas pendientes, el escritor ha sido capaz de construir una excelente novela de suspense en el que tanto puedes quedarte con la boca abierta como tener una erección.

Los chicos del parque es un relato de prostitución en el que la legalidad se dibuja a gusto de la autoridad. De ritmo dinámico, su velocidad aumenta a medida que nos salpica de venganza, poder, sexo y celos.

El relato avanza en un suspense natural. Los diferentes giros en el guion son complejos y magistrales. Se precipitan a medida que te acercas al final. Cuanto más cerca estés, más posibilidades hay de que el autor te tire por las escaleras con un empujón seco e inesperado.

Esa caída tiene la banda sonora de Twin Peaks y los videoclips que podían escucharse en los años 90 en los 40TV y en la MTV. No es lo mismo leer Los chicos del parque con o sin música. Hacerlo con su lista de Spotify (LCDP) dota a la trama de un áurea de suspense que bien podría transportarnos a la atmósfera cubierta de niebla de Twin Peaks.

Cuando le he preguntado al autor por qué Los chicos del parque es una novela diferente, me ha respondido que porque los gais que aparecen en la novela no responden a los tópicos que se espera de ellos, sino que más bien son todo lo contrario. Son fríos, calculadores, manipuladores, egoístas e incluso tremendamente racistas.

Yo añadiría que la novela es una acérrima defensa del canallismo y de cómo, en su justa medida, éste se convierte en una potente herramienta para sobrevivir en ambientes en los que no siempre es fácil ser una bestia rabiosa.

Los chicos del parque salió a la venta hace casi dos años y aunque no se ha convertido en un best-seller, sí es cierto que ha sabido encontrar su sitio ante un público fiel. El mismo público que ha descubierto, como yo, que Domínguez-Macizo tiene un talento natural para contar historias alejadas de lo mainstream.

Gracias entonces por habernos salpicado de sangre y semen.

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Escrito por
Daniel Vilosa

Periodista especializado en actualidad LGBT, es fundador de La Pluma Invertida. Trabaja como ejecutivo de cuentas en la agencia de marketing Goalplan y gestiona puntualmente medios en el gabinete de comunicación IP Comunicación. Vive en Barcelona.

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