Brokeback Mountain
Brokeback Mountain

La montaña sigue viva

Fotografía de Focus Features

Este mes se cumplen 15 años desde que Brokeback Mountain se presentara al mundo en el Festival de Venecia. Estábamos en 2005. El matrimonio igualitario acababa de aprobarse en nuestro país. La más ambiciosa reivindicación LGTBI se veía cumplida y nuestra visibilidad había conquistado mucho terreno vedado. Soplaba el viento de la plenitud de derechos. Y por fin llegaba a nuestras pantallas una historia de amor homosexual que había seducido a crítica y público.

Aunque muchos medios de comunicación simplificaron el film describiéndolo como «The Gay Cowboy Movie», Brokeback Mountain constituye más una epopeya de amor universal que el reflejo de una realidad gay concreta. Las emociones del film trascienden las categorías de orientación sexual, poniendo en primer plano la relación afectiva de sus protagonistas. Pero el inolvidable film de Ang Lee no abandona su espíritu reivindicativo y coloca al espectador frente al dolor causado por el rechazo y la violencia social.

Ha pasado una década y media y hoy Brokeback Mountain es revisitado y puesto en valor por la belleza de su música y sus paisajes o la hermosa y frustrada historia de amor de Jack Twist y Ennis del Mar, dos muchachos que se encuentran en una montaña de la que nunca hubieran querido salir. Pero el legado cultural del film va mucho más allá.

A propósito de este artículo decidí contar con la opinión de un entendido en la materia: José Luis Serrano, exitoso escritor de novela LGTB que se dio a conocer en la blogosfera con sus escritos sobre Brokeback Mountain mediante su relegado pseudónimo Elputojacktwist.

José Luis me sorprendió con una anécdota muy personal. La película llegó a su vida justo una semana después de su matrimonio, cuando pensaba que ya estaba todo conseguido. Al salir del cine, vio a una mujer llorando a lágrima viva. El sufrimiento de Ennis y Jack había traspasado su alma mientras él todavía saboreaba su reciente boda, manifestación de una inmensa victoria colectiva. Su mirada parecía hablarle: “Qué suerte tienes. Piensa en los que no la tienen”. José Luis recogió su mirada y, como quien tiene una mágica revelación, decidió convertirse en activista, justo cuando pensaba que ya no era necesario.

Su hermosa experiencia pone de manifiesto la trascendencia vital que el film tuvo para muchos espectadores. También yo estoy en deuda con Brokeback Mountain, por constituir el estímulo que impulsó mi interés por la representación gay en el cine del Oeste, pasión que cristalizaría en La pluma y el Oeste: El fascinante viaje de la homosexualidad a través del Western.

Este aniversario exige un somero pero imprescindible repaso de méritos. Brokeback Mountain supuso, por la claridad con la que se mostraba una relación homosexual, un importante desafío para el Hollywood que comenzaba el siglo XXI; y también para un público que, a pesar de estar muy globalizado, evidenció, de acuerdo con sus referentes morales, ideológicos o religiosos, su capacidad para respaldar la diversidad afectivo-sexual y el derecho individual a expresarla.

Por sorprendente que resulte, en 2006 el film tuvo que enfrentar la censura y sortear serios problemas de distribución. Por una parte estuvieron las trabas impuestas por países con legislaciones prohibicionistas (El Gobierno de Bahamas censuró la película bajo el pretexto de que mostraba «homosexualidad extrema, desnudez y blasfemia», lo que despertó las protestas de activistas gais del país. En esta misma línea se situaron China y Malasia, que prohibieron completamente el film. En Turquía se restringió su exhibición al público mayor de 18 años[1], mientras que Líbano emitió en cines una versión censurada y Emiratos Árabes Unidos decidió saltarse la exhibición cinematográfica y lanzarla directamente al video).

Pero más sorprendente resultó que en un cine de Salt Lake City (Utah) se suspendiera la emisión del film o que en diferentes puntos de la América profunda, herida en su orgullo por el manifiesto desafío a los valores tradicionales, estallaran protestas clamando por su retirada. El difunto Heath Ledger, al saber que el film iba a ser prohibido en Virginia Occidental advirtió de que «la censura siempre tiene el efecto contrario».

El conjunto de logros de la historia de amor de Ennis y Jack es innumerable: denunció la cerrazón de la América profunda, abordó la cuestión de la homofobia interiorizada, propició una revisión del relato histórico del Western y de las relaciones homosexuales en el Lejano Oeste, colocó la historia amorosa en el centro de una trama gay… Pero, con la perspectiva del tiempo, sobresalen dos de sus mejores conquistas, las que más han influido en la posterior evolución de la historia cinematográfica.

Ahí va su primer éxito: llegar a todo el público, demostrando la importancia de que el cine gay dejara de ser una subcultura de autoconsumo para convertirse en un fenómeno amplio y transversal, es decir, intensamente transformador. Brokeback Mountain recaudó casi 180 millones de dólares en todo el mundo con un presupuesto de 14. Se convirtió en el quinto “western” más taquillero desde 1979. La duración en cines de la película fue de 133 días. Logró el León dorado de Venecia y cuatro Globos de Oro, incluyendo Mejor Película Dramática. Y se convirtió en la primera cinta LGTB en aspirar como favorita al Óscar a la Mejor Película, abriendo camino a excepcionales hitos, como la victoria de Moonlight (Barry Jenkins, 2016) once años después.

Provocó una onda expansiva jamás alcanzada por una película abiertamente gay, contribuyendo eficazmente a modificar la percepción social de la homosexualidad. De forma visionaria, avanzó la potencialidad del cine LGTBI, que venía siendo residual y que ya aspira a convertirse en temática protegida en los Óscar de la diversidad que nos aguardan a partir de 2024.

No menos importante fue el tratamiento de sus personajes. Probablemente, ningún otro personaje gay ha sido tan influyente como Ennis y Jack. Inspiraron la empatía e identificación frente a la visión despectiva y estereotipada que había caracterizado la representación de la homosexualidad en el cine: afeminados, bufones, enfermos, sádicos, malvados patológicos… Brokeback Mountain allanó el camino al nuevo cine, a la nueva televisión, que incorpora en la actualidad personajes y temas gay, de todo género y condición, con naturalidad[4]. Algo que provoca un ejercicio de identificación valiosísimo para los que buscan referentes, inspiración, una luz en la oscuridad del camino.

Por todo ello, no podemos olvidar su herencia. No podemos olvidar Brokeback, su montaña. Todos hemos sido Ennis. Y hemos sido Jack. Hemos capeado nuestros miedos por la vía de la represión o de la clandestinidad. Hemos tenido nuestro secreto. Todavía mucha gente arrastra una montaña, gente que solo puede respirar en un recóndito lugar alejado de las miradas y el juicio de la gente. Sería un error creer que esa montaña ya no existe. Todavía hay demasiada gente viviendo allí. Muchos han dejado su vida en el silencio que la rodea; otros todavía la visitan buscando la protección que les ofrece. Demasiado amor interrumpido, muchas alas rotas. Volver a Brokeback es recordar ese dolor que lacera el corazón y que Jack compartía con Ennis en sus siempre escasos días juntos: “A veces te echo tanto de menos que no lo soporto”.

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Escrito por
Fernando Garín
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