La homofobia como amenaza para la democracia

La homofobia como amenaza para la democracia

Fotografía por: Alexander Shustov

Hace unos nueve meses asistí a la presentación en Barcelona de La cultura de la homofobia y cómo acabar con ella, del doctor en filosofía y ferviente activista LGBT en Madrid Ramón Martínez. Aunque hoy el autor es más conocido por la reciente publicación de Lo nuestro sí que es mundial, he considerado conveniente adentrarme, aunque solamente sea con la punta del dedo del pie, en una obra que, como bien intuí en esa presentación, resulta imprescindible para comprender qué es la homofobia, cómo se manifiesta en tanto que apuesta voluntaria de discriminación y qué podemos hacer para erradicarla.

El ensayo de Ramón Martínez es un puñetazo sobre la mesa contra el sistema de categorización y organización de la vida de las personas que impone la heterosexualidad: un modelo social inventado que apenas tiene 100 años y que tiene su origen en el amor cortés de la Edad Media. Para Martínez la heterosexualidad es una ideología que se manifiesta en un sinfín de acciones con los que llega a perpetuarse. El origen de la cultura de la homofobia se encuentra en lo que él denomina “Ley de Gravitación Heterosexual”, que se convierte en la llave que legitima la discriminación y el abuso hacia personas no heterosexuales a través de la violencia y el miedo.

La cultura de la homofobia realiza un ejercicio extremadamente minucioso para establecer una definición inclusiva, objetiva, emocional y fundamentada de lo que significa ser homófobo o realizar una acción homófoba. Desgrana hoja por hoja todos y cada uno de los elementos que delimitan el concepto. La primera definición ofrece una frase. La décima, un párrafo varias veces revisado.

Solo en el momento en que tenemos una definición clara del enemigo podemos enfrentarnos a él, identificando en nuestro sistema de creencias los principios del régimen heterosexual que mantienen la homofobia: que todos los seres humanos son heterosexuales, que la heterodoxia sexual puede corregirse, que las personas no heterosexuales son diferentes, que dos personas del mismo sexo no son aptos para la crianza o que las personas no heterosexuales transmiten enfermedades, entre muchos otros.

La homofobia como amenaza para la democracia

A pesar de un prólogo un tanto complaciente y de auto felicitación de José Luis Rodríguez Zapatero por la Ley de Matrimonio Igualitario aprobada en 2005, sí acierta el expresidente en apuntalar que “las leyes de derechos, incluso reconociéndoles este virtuoso efecto irradiante, no cubren todas las posibles conductas discriminatorias ni cancelan las futuras manifestaciones de las mismas, ni cambian por sí mismas o por sí solas los patrones culturales”. Este es precisamente el punto clave de la argumentación teórica que acompaña y cohesiona todo el discurso de Ramón Martínez, que se sustenta en un manejo ágil y exquisito de una apabullante bibliografía no siempre sencilla de comprender.

El lector seguramente encuentre capital su apartado dedicado al objeto y la naturaleza de la homofobia, que es compleja, transversal en actores, significados y tipologías de víctimas, pero a mí me ha resultado especialmente interesante su breve esquematización de las diferentes olas en las que puede resumirse la historia del activismo LGBT: la despenalización del sexo, la liberación sexual, la irrupción del VIH como distorsionador del discurso y la pérdida de rumbo del activismo actual precisamente a raíz de la aprobación de la Ley del Matrimonio Igualitario y la primera Ley de Identidad de Género. Es precisamente en este discurso donde se intuye la trazabilidad de lo que será Lo nuestro sí que es mundial, que todavía tengo pendiente de leer, pero que intuyo será prometedor.

De entre todas las consecuencias de la homofobia, la que más preocupa a Martínez es aquella que la señala como un impedimento para establecer vínculos entre personas del mismo sexo. Destaca que “la homofobia es un obstáculo para la comunicación libre entre personas, un freno para la construcción de una sociedad que asegure el pleno desarrollo de sus integrantes y les permita relacionarse libremente”. A mitad de su ensayo Martínez considera que el progreso democrático descansa en la calidad de los vínculos que sus integrantes son capaces de establecer entre sí y de su capacidad de ser empáticos. De aquí viene el título de esta reseña, porque mientras “no consigamos eliminar todos los impedimentos a las relaciones interpersonales, la homofobia seguirá siendo una amenaza para la democracia”.

Esta es una de las reflexiones más importantes de este libro y no debería pasar desapercibida.

Comentarios de Facebook

Escrito por
Daniel Vilosa

Periodista especializado en actualidad LGBT, es fundador de La Pluma Invertida. Trabaja como ejecutivo de cuentas en la agencia de marketing Goalplan y gestiona puntualmente medios en el gabinete de comunicación IP Comunicación. Vive en Barcelona.

Ver todos los artículos
Envia una respuesta
Escrito por Daniel Vilosa

Daniel Vilosa