Historia de la violencia

Fotografía de Ivan Bastien

La desolación de una violación

Édouard Louis regresó a la primera línea de la prensa cultural en 2018 con su segunda novela, Historia de la violencia, dicen los expertos, que mucho mejor escrita que la primera, Para acabar con Eddy Belegueule.

Las dos novelas son autobiográficas y las dos novelas narran un drama. Yo solamente he leído el segundo drama, Historia de la violencia, que impacta al lector con la historia de la mayor de todas las violencias: una violación.

La novela empieza contextualizando la vida de su protagonista, el propio autor, mostrando la desolación que surge cuando el cuerpo y el alma yacen abatidos en una cama sin comprender qué ha pasado. Una desolación narrada con contención, sabiendo separar el acto violento de la condena a toda una religión.

Historia de la violencia se lee con velocidad, rabia y un cierto nivel de miedo. Una trama pulida en la que su protagonista, violado, fantasea con lo ocurrido. Jamás imaginaríamos, como lectores, que Édouard, la víctima, tendría tras el delito fantasías de exhibicionismo y total impudicia.

La violación es el punto de partida para hablar de VIH y establecer un paralelismo entre su historia y el miedo a vivir que sintieron los primeros enfermos de sida cuando solamente existía la palabra sida: gente que sabía que iba a morir y abandonaba sus vidas, sus amistades, su trabajo, su dieta, etc., pero que en algunos casos al final sobrevivían y después no podían reengancharse a su vida anterior.

El miedo de Édouard no es el miedo a la muerte y ni siquiera es el miedo al VIH. El protagonista encierra el miedo a no creer más, a no creer en nada y a oponer a lo absurdo de su vida otras cosas igualmente absurdas, como visitar a su hermana, que siempre termina en fracaso.

El orden de los hechos sí altera el producto

La mente de Édouard es la que establece cómo se desarrolla la historia. La narración no sigue el orden cronológico del relato, sino que avanza a medida que el protagonista comprende qué le ocurre.

Como si Historia de una violencia fuera un ejercicio para recomponer los pedazos rotos de un jarrón de Bohemia que el violador hubiera tirado al suelo mientras guardaba la pistola camino a casa.

Historia de la violencia define lo peor de la masculinidad heredada a lo largo de varios siglos: querer desarrollar la propia identidad a través del sufrimiento ajeno. Una masculinidad tóxica que no necesita responder a un conflicto porque tiene el poder de crearlo, de producirlo o de inventarlo, hasta el punto de afirmar cuándo estallaría y qué intensidad tendría.

Édouard es el narrador que rompe esa toxicidad describiendo los sucesos a través de las emociones. Un relato de lo sucedido con tres voces (la de Édouard, la de Clara, la hermana de Édouard y la de la policía) en un único espacio y tiempo (la casa de Clara) en el que cada uno de ellos necesita que su visión de los hechos, independientemente de si los ha vivido o no, encaje en su manera de comprender el mundo.

O, dicho de otra manera, perder la objetividad para que la vida duela menos.

Muchas reseñas y valoraciones se han escrito de Historia de la violencia. En Francia Édouard Louis estuvo en 2018 en el centro de la polémica porque tras una breve investigación varios periodistas dudaron seriamente de que los hechos autobiográficos que el jovencísimo escritor explicaba fueran verdad, entre ellos la propia violación.

Al margen de las polémicas, que deben siempre tenerse en cuenta porque pueden sobredimensionar el valor real de una obra, Historia de la violencia es un relato bien escrito, con contenido y profundidad. Después ya uno decide si se la cree o no, pero esa es otra historia.

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Escrito por
Daniel Vilosa

Periodista freelance especializado en marketing de contenidos y comunicación. Está licenciado en Humanidades (UPF) y Periodismo (UAB) y tiene un máster de Comunicación y Márketing Online, también por la UAB. Es fundador de La Pluma Invertida y vive entre Barcelona y la Costa Brava.

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