Francisco Veiga
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Francisco Veiga: “Faltan más novelas de espías con personajes LGBT”

Francisco Veiga es Doctor en Historia, analista político experto en Europa Sudoriental y Turquía y profesor de Historia Contemporánea y Actual en la Universidad Autónoma de Barcelona. Tras Ciudad para ser herida, Veiga publica su segunda novela de ficción, Las reglas de la cabra, un apasionado relato de pasiones y traiciones que cruzan, física y emocionalmente, todas las fronteras imaginables.

¿Cuál es el origen de Las reglas de la cabra?

Es la segunda novela de una trilogía que empezó con Ciudad para ser herida y que terminará con una novela que ya he empezado a escribir. El título de Las reglas de la cabra se refiere a un deporte muy rudo, que se practica en Asia Central, que consiste en que dos equipos de jinetes se disputan los restos o los pellejos de una cabra. Este deporte, llamado buzkhashi, es un juego que se lleva a cabo sin reglas. De ahí que la novela realice alusión a determinadas políticas o personajes que se meten en camisas de once varas y pretenden marcar las reglas en juegos que es imposible que puedan controlar. Esa ambición de poder o esa intención de jugar es la motivación de varios de sus personajes. El marco de la novela es el mundo globalizado a punto de entrar en crisis, que ocurre justo al poco tiempo de terminar la novela con la pandemia por coronavirus. Es una novela que ocurre en sitios muy distantes entre sí, como Macao, El Cairo y Yemen.

Esta es una novela protagonizada por espías gais, ¿es cierto?

Sí, pero no. No exactamente. Digamos que dos de los personajes centrales lo son. Y eso hace que se “normalice” todavía más la presencia de protagonistas homosexuales en este género literario.

Raúl Lázaro es autor de la portada de la nueva novela de Francisco Veiga.


¿Quiere decir eso que los personajes gais han estado vetados en las novelas de espías?

No como personajes negativos, por supuesto. Tradicionalmente ser gay suponía una vulnerabilidad en el mundo del espionaje, una condición que podía ser explotada para chantajear o extorsionar al personaje. Tienes un buen ejemplo en Coronel Redl. Una película dirigida por el húngaro István Szabó y estrenada en 1981. Era la historia real del coronel austríaco Alfred Redl. Dirigió la oficina de contraespionaje del Ejército austro-húngaro casi hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, a comienzos del siglo XX. Pues bien, Redl, que innovó el servicio con todo tipo de técnicas modernas, resultó ser un topo de los rusos. Estos descubrieron su condición de homosexual y le amenazaron con hacerla pública si no colaboraba pasando información secreta. Por cierto, que en la película el papel de coronel Redl lo hace Klaus María Brandauer, un actor que tenía algo como de eterno torturado, hiciera el papel que fuera.

Aunque desde hace años encontramos gais en las novelas negras de espionaje, no es habitual encontrarlos “normalizados” en el desarrollo de la trama.

Por lo tanto, el gay en las novelas de espías era el malo.

Sí, en muchos casos, sí. Reflejaba la imagen moral que se le atribuía al homosexual en el pasado, como “invertido”, “enfermo” y lindezas por el estilo. Pero también podía hacer el papel de víctima, como es el caso del coronel Redl.

¿Hemos evolucionado?

Hombre, al menos sí en la Literatura. Aunque hace décadas que podemos encontrar personajes LGBT en novelas policiacas, empieza a ser habitual el protagonismo positivo de gais y lesbianas en novelas y películas de espías.

Ponme un ejemplo.

Dos, si lo prefieres. El primero, la última novela del célebre maestro del género, John Le Carré, publicada en español con el título: Un hombre decente. Un colaborador ruso de los servicios de inteligencia británicos resulta ser gay. Y no es que este personaje sea especialmente bueno ni malo, es sencillamente uno más, un personaje normal, que juega un papel al margen de su orientación sexual, que se comenta como descriptivo de quién es, pero no como un elemento diferenciador o determinante para la evolución de la trama.

¿Y el otro?

Pues la serie Killing Eve, que emitió TVE a comienzos de este año. Una asesina profesional a sueldo de los servicios de inteligencia rusos se enamora de su perseguidora, una oficial británica del MI6. La trama es inverosímil y la rusa es un elemento poco recomendable, pero el amor –o quizá el deseo- entre dos mujeres vehicula el argumento de la serie.

¿Qué papel tienen en Las reglas de la cabra los personajes gais?

Son dos antiguos oficiales de la CIA ya jubilados. Uno es el malo de la novela y el otro es un personaje positivo que ayuda a cazar al malvado. Ambos son lo que son al margen de su orientación, pero juegan un papel en la novela por haber sido colegas en la CIA allá por los setenta. Son un poco el reverso de la condición gay en los Estados Unidos por aquella época. Kris parece salido del corazón del Medio Oeste, de Wyoming, más en concreto. No hubiera desentonado en Brokeback Mountain, ¿recuerdas? En cambio Fred proviene más de los ambientes duros de Cruising (película traducida aquí como A la caza): imagínate a Al Pacino revestido de cuero.

¿No hay también alguna lesbiana?

Ese personaje es Helena, una analista de los servicios secretos españoles, pero pertenece a mi primera novela, Ciudad para ser herida. En la obra que comentamos ahora, Las reglas de la cabra, una colaboradora egipcia resulta ser lesbiana y eso complica un poco la operación en El Cairo, pero al final el trabajo resulta ser liberador para ella.

Te encanta estudiar las relaciones internacionales de gobiernos y países. ¿Está normalizada la pertenencia de personas LGBT a los servicios de inteligencia?

Depende de los servicios, claro. Pero al menos en aquellos de los países occidentales democráticos, sí, desde luego. Hace cuatro años, el MI5, el servicio de inteligencia interior británico, fue distinguido por la asociación Stonewall como el “mejor empleador” de trabajadores gais, lesbianas, bisexuales o transexuales en el Reino Unido, por delante de cuatrocientas instituciones y empresas. Por entonces contaba con ochenta miembros pertenecientes a la comunidad LGBT. Es lógico, ¿no? Un servicio de inteligencia debe bucear en las sociedades y en las instituciones tal y como se representan en la actualidad y hoy en día están conformadas por personas de toda orientación.

¿Eso es válido para España?

Al menos en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ya no es ninguna novedad que trabajan en sus unidades personas LGBT. Tampoco son extraños los matrimonios de esas personas. Otra cosa es su presencia en la novelística especializada. Aunque no estamos mal de novelas de espías en España, la mayoría se circunscriben al ámbito de la novela histórica, al pasado más o menos lejano. En lo referido a la narrativa actual el monopolio intenta mantenerlo el propio CNI, que en el marco de lo que se denomina “cultura de la inteligencia” ha promovido recientemente novelas escritas por sus propios ex miembros, los cuales tienden a dar una imagen tirando a oficialista de las actividades del servicio. Y en ese ejercicio incluir a lesbianas y gais quizá suene todavía a políticamente incorrecto. Faltan más novelas de espías con personajes LGBT. Pero todo se andará, supongo.

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Escrito por
Daniel Vilosa

Periodista freelance especializado en marketing de contenidos y comunicación. Está licenciado en Humanidades (UPF) y Periodismo (UAB) y tiene un máster de Comunicación y Márketing Online, también por la UAB. Es fundador de La Pluma Invertida y vive entre Barcelona y la Costa Brava.

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