Sebastià Portell
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Sebastià Portell: “Jugar a vivir sin etiquetas es peligroso”

Fotografía de Salvador Rich

Sebastià Portell (Ses Salines, Mallorca, 1992) acaba de publicar su segunda novela, Ariel i els cossos, un juego de identidades intenso y provocador que busca la reflexión del lector y también – ¿por qué no? – reivindicar.

El protagonista de la novela, Ariel, es un personaje que ama de una manera diferente, siempre de forma provisional y desconcertante.

Con un eco que recuerda a Orlando, el celebre tratado sobre género de Virginia Woolf, esta novela es un homenaje a los amores que no llegan a nacer y a los amores que, una vez nacen, viven tocados de muerte para siempre.

Una reflexión intensa, incluso provocadora, que se suma al debate actual en torno al concepto de género.

¿Queda mucho para alcanzar un cierto grado de normalización?

Hemos pasado de la normalización y la visibilidad a una tendencia hacia lo más conservador y lo más reaccionario. Esta situación nos obliga a reivindicar quienes somos y que seguiremos existiendo pese a quien pese y pase lo que pase. En este sentido existen voces literarias, y ya no sólo literarias, sino también de otras expresiones culturales, que contribuyen a que personas como yo, que han nacido en un pueblo de dos mil habitantes en el sur de Mallorca, sepan que no están solas, que hay gente que las quiere, y mucho. Y que aquí estamos.

A esa responsabilidad personal y colectiva, aúnas la responsabilidad como autor.

Tal y como yo vivo la escritura, creo que el escritor tiene una responsabilidad. Creo que no somos necesarios, pero que el mundo sería peor si no estuviéramos ahí. No quiero morir de pretensión ni de irresponsabilidad, porque creo que no cambiaremos el mundo, pero sí podemos cambiar las formas de ver el mundo. La literatura nos permite crear nuevos paisajes que nos hacen entender el mundo de otra forma. Eso es necesario. Seguramente es el primer paso para cambiar el mundo: es decir, no cambiaremos el mundo, pero seguramente contribuiremos a que eso termine sucediendo.

¿Toda tu literatura está encaminada a ese objetivo?

Por supuesto. No sé si normalizar es mi horizonte, pero la visibilización es muy necesaria. Todos, seamos quien seamos, tengamos el género que tengamos, tenemos que presentarnos al mundo. La literatura es una forma maravillosa de darnos a conocer.

¿Quién es Ariel?

La pregunta de quién es Ariel es precisamente la que quiere responder toda la novela. Ariel es el gran interrogante, la indefinición, todo aquello que va más allá de los límites corporales, de los géneros, de la edad, del impacto que un cuerpo puede tener en otros cuerpos y que, en una sociedad que necesita tantas y tantas etiquetas, genera problemas.

Entonces ¿va de eso? ¿De combatir las etiquetas?

Es un texto que rehúye la indefinición. Es un personaje huidizo que se manifiesta en textos igualmente huidizos. No es una novela convencional, sino fragmentaria. En ella podemos encontrar diferentes formatos: cartas, notas que podrían ser leídas como poemas o notas personales, registros de transcripciones y hasta una especie de novela o de apuntes para una novela. Con todo ello se intenta, desde diferentes texturas, expresar a este personaje que no se deja pillar de ningún modo. Tiene un nombre que es el mismo para ambos géneros y que podría encajar como un guante en cualquier cuerpo. No necesita definirse: son quienes le rodean los que lo necesitan porque viven en la confusión. Necesitan acotar, cerrar con el significado de quién es Ariel. De hecho, este mantra es una de las preocupaciones de su primera pareja, Eugeni. Necesitan definir quién es, lo que significa, qué papel juega en sus vidas, aunque Ariel es precisamente todo aquello que se nos escapa. Me han hecho mucha gracia las primeras reacciones ante la novela porque tanto lectores como críticos han realizado de ella lecturas muy distintas y todos están convencidos de que la suya es la acertada. Unos piensan que Ariel en la primera parte es una persona y en la segunda es otra distinta. Y que únicamente tienen en común el nombre. Otros creen que cambia de género de una parte a otra, y finalmente los hay que creen, sin ningún género de duda, que Ariel es simplemente una idea: la forma en la que nos exponemos al amor. Y no seré yo quien lo revele.

Y si leemos la novela, esta exposición al amor de la que hablamos puede llegar a ser peligrosa… De hecho, la primera de sus parejas, Eugeni, nos cuenta su historia con Ariel desde un pabellón psiquiátrico.

Es que jugar a vivir sin etiquetas es peligroso. Y situar un personaje que durante toda la primera parte habla desde un centro de salud mental, al contrario de querer “patologizar” todas estas identidades, lo que busca es denunciar el lugar que se da a todas aquellas personas que no siempre se definen, las que se atreven a vivir más allá de binomios. Y no solo de binomios, sino más allá del “dar por sentado”, de estos prejuicios. Hoy, tal y como funciona la sociedad y como seguirá funcionando, si no nos ponemos las pilas, el lugar para estas personas es el manicomio.
Tendríamos que intentar cambiar eso.

Convendrás conmigo que todo esto no ofrece al lector una idea muy amable del amor…
[Sebastià se ríe]. Seguramente la imagen que ofrece la novela del amor sea negativa porque la imagen que actualmente tiene su autor del amor es muy negativa. Creo que nos hemos complicado mucho la vida. Tenemos un cuerpo –o un cuerpo nos tiene a nosotros. Y este cuerpo tiene impulsos, deseos, busca juntarse con otros cuerpos… a veces con uno, pero a veces con todos los que se nos pongan por delante. ¿Por qué tenemos que complicar tanto las cosas? ¿Por qué tantas cadenas? ¿Por qué –de nuevo- tantas etiquetas? ¿Por qué no dejamos que todo fluya? Hagámoslo fácil.

¿Ese es el mensaje de la novela? Y por consiguiente, ¿es necesario que novelas como esta tengan un mensaje?

El autor que diga que su libro no es necesario, o que cuando lo estaba escribiendo no creía que lo fuese, o miente o es un hipócrita que trabaja únicamente por encargo o por dinero. Si he creado este personaje y todo el universo de personajes –de cuerpos- que le rodea es porque creo que necesitamos ir más allá de los prejuicios. El lector de hoy está muy acostumbrado a leer novelas escritas por hombres, que hablan de temas de hombres, de sexualidades muy normativas y que al fin y al cabo se sustentan sobre muchos prejuicios y muchos “dar por sentado”. Ariel es todo lo contrario. Persigue la indefinición, decir y desdecir a la vez, desdibujar un personaje y hacer al mismo tiempo que el lector se dé cuenta de que tal vez sería más feliz si se permitiera a si mismo desdibujarse.

Hablando de literatura “de hombres”, ¿crees que es positivo categorizar la literatura? Y en ese sentido, si existe una literatura gay, ¿tu obra se podría inscribir en ella?

[Se lo piensa un poco y finalmente responde]. Existe la literatura que trata el deseo no normativo y las identidades no normativas. No sé si hablaríamos de una literatura LGTB porque parece simplificar la cuestión… pero puedo entrar en el juego y decir que sí, que hablemos de una literatura LGTB. Pero también de literatura heterosexual cuando se trate de eso. Podemos mirar hacia otros lados y veremos que en los estantes de las librerías un noventa por ciento es literatura heterosexual, y de ese noventa por ciento, el setenta por ciento ha sido escrito por hombres. Si entramos en estas etiquetas hagámoslo plenamente: hablemos de señores que escriben desde visiones masculinas, por ejemplo, del mismo modo que a muchas mujeres escritoras se les dice que escriben “versiones femeninas de…” o que escriben con voz de mujer. Apliquémonos todos este cuento. En cuanto a Ariel… es complicado porque el personaje no pertenece a ningún género. No puede ser heterosexual, ni homosexual, ni bisexual, ni tampoco transexual, porque no transita de un género al otro ni llega a definirse como tal, por lo que es difícil asegurar que pertenece a la literatura LGTB. Lo que sí podemos decir es que parte de la forma en que afrontamos, desde la contemporaneidad, el género y la sexualidad.

Con 26 años y las ideas tan claras, debes haber tenido referentes muy potentes tanto en lo literario como en lo personal.

Tengo tantos referentes como veces me han hecho esta pregunta. Maria Mercè Marçal es una presencia muy cercana, tanto por su poesía como por su pensamiento, así como por su narrativa, que yo creo que se reivindica poco. Y siempre están ahí. Como un faro, o un horizonte hacia el que caminar. Y estoy pensando también en otra escritora que es muy buena amiga, que es Antonia Vicens, y que siempre ha sido un ejemplo para mí. Es una persona que nunca ha claudicado, que siempre ha antepuesto su libertad personal y creativa a cualquier otra cosa, y eso se nota en su obra. Cuando se escribe libre, se escribe mejor.

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