Rubén Serrano

Rubén Serrano: “Nos siguen pegando. El 28A nos jugamos que no se haga legal y legítimo el odio hacia nosotros”

Fotografía de Daniel Vilosa

Rubén Serrano es tímido y reconoce que la fama le ha llegado por sorpresa.

Encontró en Playground un espacio para expresarse libremente con una audiencia que empatizó con sus artículos porque rompió un techo de cristal en el mundo del periodismo: visibilizar de forma positiva y exigir respeto a expresiones e identidades del colectivo LGTB alejadas de la norma y de los intereses de medios y profesionales.

Aun así, reconoce que existe un maltrato constante cuando se informa sobre el colectivo, especialmente en el uso de términos que se refieren a personas trans. Para acabar con el desprecio institucionalizado el periodista exige que nuestra identidad o expresión de género deje de ser chiste o morbo para los profesionales de su gremio.

La única forma de conseguirlo, apunta, es logrando que el discurso LGTB deje de considerarse información noticiable inferior a la política, la cultura, la economía o los temas de sociedad y se apueste por una transversalidad en el que quepa un argumentario más igualitario con la realidad de nuestras vidas y las demandas de la sociedad en la calle.

Introdujiste el movimiento #MeQueer en España, que en pocos días se convirtió en todo un fenómeno. Decenas de miles de tweets usaron el hashtag y pensaste en recopilarlos para guardar la huella digital de nuestra memoria histórica, aunque no fue posible. ¿Qué nos queda del #MeQueer ocho meses después?

Sigue resonando. Está vivo y es un discurso inmortal que no va a apagarse nunca. Creo que la principal huella que dejó fue que comunicó el mensaje de que sufrimos violencia a diario y que hay que hacer algo para acabar con ella. Hay tweets de personas de 40 años que eran casi idénticos a los tweets escritos por chavales de 18 años, con lo cual es algo sistemático. Yo creo que ha dejado una impresión eterna y digital de lo que somos desde que nacemos hasta ahora. ¿En qué puede acabar? Yo quiero pensar que es la evidencia más contundente de que una ley de igualdad LGBTI tiene que salir a la luz. Yo quiero pensar y estoy seguro de que #MeQueer servirá para que se legalicen nuestros derechos a nivel estatal en España.

Estás impulsando la recogida de firmas para que se apruebe una ley LGTBI en la próxima legislatura. Has logrado que muchos políticos, de diferente signo ideológico, se hayan comprometido públicamente en Twitter a promover una nueva ley, pero estamos en precampaña. No sería la primera vez que los políticos no cumplen sus promesas. ¿Por qué crees que esta vez será diferente?

Yo creo que es un examen a los políticos. O se comprometen de una puta vez, o se comprometen de una puta vez. Esa ley lleva dos años negociándose con conflictos partidistas en la Comisión de Igualdad. La importancia está en que se comprometan, lo metan en campaña y comprendan que no somos ciudadanos de serie B. Ese es creo yo el verdadero examen que los políticos tienen delante, lo que realmente está en juego: que la ley vuelva a entrar en el Congreso de los Diputados, que se debata y que se apruebe, porque nos siguen dando hostias mientras ellos están discutiendo en los despachos. Me da mogollón de impotencia pensar que el #MeQueer se va a quedar en nada. Lo digo así con herida, pero es que sigue estando ahí: han pasado dos años desde que empezó a moverse la ley LGTBI y nos siguen pegando. A dos lesbianas las pegaron en Andalucía, a Diego le partieron la cara cuatro adolescentes en el metro de Barcelona y hace poco han asesinado a una mujer trans en Castellón. ¿Alguien va a hacer algo?

¿Te han contactado partidos políticos para que milites?

No… (ríe).

¿Te gustaría entrar en política? ¿Te lo has planteado?

No. Tampoco.

No me lo creo.

No me lo he planteado… (Rubén se queda unos segundos en silencio). Quizá me lo esté planteando ahora, pero… No sé. Creo que serían demasiadas puertas abiertas y demasiados cabos por atar. Y demasiada responsabilidad. Debería examinarme muy bien a mí mismo y examinar muy bien donde querría ir para saber qué hacer. Creo que no es una elección sencilla. Va más allá de una conversación en un despacho.

¿Cuál es tu artículo más valioso de tu etapa en Playground?

El de la plumofobia. Fue una manera de reconectar conmigo mismo. Creo que me ayudó a comprender por qué sufría tanto dolor constantemente en espacios donde hubiera una presencia de hombres homosexuales. Me sigue violentando ir a ciertos lugares donde haya mayoría de hombres homosexuales con ciertas actitudes y masculinidades y cuerpos, porque no los veo como espacios amables al final del día. Igual para mí es más sano ir a un espacio más queer, como La Pluma o Furia Queer, por darte algunos ejemplos. Creo que el rechazo a la feminidad que veo constantemente, tanto en Grindr como en ciertos clubs de ambiente gay, que no LGTB, sino gay, me ha hecho mucho más daño que el daño que me hicieron en el instituto por ser gay. El artículo de la plumofobia me ayudó a entenderme y entender qué me pasaba y donde estaba ese dolor, y a entender que era un dolor aprendido, que la sociedad no me había dado la opción de que me gustase mi cuerpo y me gustase mi pluma, sino que desde el primer día me había dicho que eso estaba mal. Pero yo no sentía que estuviese mal. ¿Había otra opción para entenderme y entenderlo? Ese artículo me dio el marco teórico de lo que me pasaba. Fue muy fuerte como chicos no solo de España, sino también de México, Colombia y Argentina me explicaban que se sentían igual. Esto demuestra que tenemos un problema los hombres homosexuales… Los hombres homosexuales… Los HOMBRES homosexuales… ¡Los HOMBRES homosexuales!

Los que somos un poco mayores que tú luchamos contra esa homofobia interiorizada, pero nos quedamos ahí. Vuestra generación ha dado un paso adelante. Hemos pasado del “tenemos derecho a” de mi generación al “somos, y, por lo tanto, no tenemos que conquistar ningún derecho, porque este derecho es innato” de la vuestra.

Pero esto no es una victoria nuestra. Creo que si estamos en este punto es por el trabajo que hicieron las personas que vinieron antes que nosotros. No tiene ningún sentido hablar de que puede llegar a haber una ley LGTBI si no hubiera habido manifestaciones en los setenta gritando que no éramos delincuentes. Creo que la suma de todos los y las que estaban aquí antes permite que ahora veamos el horizonte de la una ley LGTBI.

Una semana después de su inauguración, el centro LGTBI de Barcelona sufrió una agresión lgtbifóbica con pintadas y lanzamiento de piedras. Dos días después muchos nos manifestamos en contra de la agresión. Ese día hablamos por Twitter y me dijiste que nos falta fuerza, que la gente está dormida. Yo lo que vi es que muchos fueron al centro a manifestarse, sí, pero pareció que estábamos más socializando o hablando con el chico mono que nos gusta y no tanto manifestándonos contra una agresión. ¿Existe un activismo de postureo?

Yo no creo que sea un activismo de postureo, pero sí es un activismo muy acomodado. Acababa de abrir el primer centro LGTBI de España y estuvimos solamente 30 segundos aplaudiendo que estábamos en contra de las pintadas. NO. Yo lo que esperaba ese día es que nos pusiéramos las pilas y reclamásemos seguridad contra las palizas, sacar adelante la ley LGTBI, pero no. Nos faltó arengarnos. Estamos dormidísimos. Daba la sensación de que habíamos ido a cumplir. Yo no quería cumplir. Yo quería ir a gritar ese día. Estábamos entre dos vallas, arrinconados. No me digas que eso no es simbólico. Teníamos que estar en la Plaça Sant Jaume gritando diciendo que nos pegan y que nos falta protección, pero tuvo que ser Ada Colau la que nos despertara con el discurso más guerrero de los que se pronunciaron en esa tarima delante del centro ese día. Quedó en evidencia en qué punto está nuestra voz. Nuestra voz colectiva: la de mujeres lesbianas, personas trans, hombres gais… Ese día no había que gritar A quien le importa. No es eso. Si uno de nosotros está tres días en el hospital por una agresión, de nada sirve cantar. Creo que no es postureo, creo que nos hace falta reconectar con lo que fuimos. Si paramos las leyes franquistas fue porque salimos a la calle tal y como éramos, con un discurso muy visceral, porque es lo que somos. Estamos heridos. Y si no vamos a escarbar en la herida nos vamos a quedar como estamos: cómodos. A mi no me sirve que se abra un centro LGTBI a seis meses de las municipales y a un año de las autonómicas si no hay guerra y nos movilizamos desde ese mismo centro LGTBI.

¿Cómo reconectamos con nosotros mismos?

Escuchándonos. No nos escuchamos una mierda.

¿Qué tenemos que escuchar?

Voces diferentes a nosotros. Por ejemplo, ve a espacios que no estén cerca de ti. Para llevármelo a mi ámbito como hombre gay, porque los hombres gais somos los privilegiados de esta lucha, acerquémonos a escuchar a mujeres lesbianas, mujeres bi, personas trans y a gente que está en los márgenes. Tenemos que escucharnos. Por favor, somos hombres gais, blancos, con dinero. Somos la joya de la corona ahora mismo. Que McDonalds y H&M se nos rifan para hacer una campaña de publicidad. ¿Pero qué pasa con los que no tienen esas oportunidades? ¿Qué demanda una mujer lesbiana? ¿O una persona trans? ¿Y las personas intersexuales? Creo que debemos escucharnos porque en las primeras manifestaciones nuestra fuerza fue colectiva e interseccional. Teníamos muy claro que el movimiento LGTB debía ser queer y feminista, con toda la gente no heterosexual y no normativa.

¿Cuáles crees que son los retos de nuestro colectivo?

Nuestro principal reto es que nos dejemos de vender. Tomé la decisión de no ir al Orgullo. Ni al de Madrid ni al de Barcelona. Qué pereza. Eso no somos nosotros. Ver a carrozas con marcas de ropa, joyerías y supermercados. Nuestros derechos no les importan. Producen en países donde nuestros derechos ni siquiera existen. Creo que se vio claramente en el caso de la Tangaparty! en el Teatro Barceló. Esa gente quiere nuestro dinero, ¿Verdaderamente quieres ir a un sitio donde entra un mensaje que para ti no es seguro? ¿Un mensaje que te persigue? Deberíamos dejar de vendernos. Dejar de ser un valor mercantilista. Solo somos dinero para el sistema. No les importamos.

¿Qué nos jugamos el 28 de abril?

Nos jugamos que no nos persigan ni que quieran eliminar nuestros derechos básicos. Ni nos quieran volver a meter en la cárcel, ni nos quieran volver a tirar piedras. Lo que nos jugamos el 28A es que no se haga legítimo y legal el odio hacia nosotros.

¿A quién te queda pendiente entrevistar?

Me gustaría entrevistar a Silvia Reyes, que es una mujer trans que vivió la época de la represión franquista. Me encantaría poder sentarme con Carla Antonelli y con Miquel Missé y escuchar esas dos posiciones sobre ser trans, sobre cuerpo y sobre género. Ya me he cansado de escuchar a hombres. Hemos hablado demasiado ya.

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Daniel Vilosa

Periodista especializado en actualidad LGBT, es fundador de La Pluma Invertida. Trabaja como ejecutivo de cuentas en la agencia de marketing Goalplan y gestiona puntualmente medios en el gabinete de comunicación IP Comunicación. Vive en Barcelona.

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