Iván Zaro: “Si la prostitución masculina fuera heterosexual, se hablaría más de ella”

Iván Zaro: “Si la prostitución masculina fuera heterosexual, se hablaría más de ella”

Iván Zaro

Hace poco más de un año Iván Zaro publicó La difícil vida fácil, doce testimonios sobre prostitución masculina escritos en primera persona. Su libro recibió una gran atención mediática por la naturalidad y cercanía de sus historias y porque fue capaz de tender la mano a todos los públicos. He tenido la oportunidad de hablar con él para conocer un poco mejor la relación que existe entre prostitución, drogas, VIH, homofobia, transexualidad y vulnerabilidad.

Hay hombres heterosexuales que ejercen la prostitución por una necesidad extrema pero que al mismo tiempo pueden ser homófobos.

Sí, al fin y al cabo están repitiendo los patrones que aprendieron cuando eran niños. Se comportan como hombres, discriminan como hombres, son violentos como hombres, pero desafían el concepto de masculinidad cuando por sobrevivir se acuestan con otros hombres. Cuando lo hacen siempre dejan muy claro que no son homosexuales porque lo hacen por necesidad económica, no por placer. Es más, muchos de ellos afirman constantemente que ellos son los que penetran, nunca son penetrados. Siempre son activos. Pero pueden serlo de una manera agresiva.

Si soy activo, soy masculino. Si soy pasivo, soy femenino y por tanto, soy maricón.  

Es la homofobia ligada al rol en las prácticas sexuales. Y dejando bien patente que no les gusta lo que están haciendo. Y la manera de dejarlo claro es maltratando al cliente e incluso maltratando a otros compañeros que sí que son gais y lo afirman. Yo he visto cómo en la Puerta del Sol el grupo de profesionales, todos heterosexuales, echaba a un chico por ser abiertamente homosexual.

No pudo trabajar ahí.

Le expulsaron porque era lo que tenían que hacer. Era maricón y no podía estar ahí. Además también va implícita la competencia. Los chicos de la Puerta del Sol generalmente no van a tratar bien a los clientes porque no viven la prostitución como una actividad laboral. Es un modo de supervivencia. En otros escenarios los profesionales sí contemplan la prostitución como una actividad laboral e idealizan al cliente: lo tratan bien e intentan que esté a gusto. En cambio en la Puerta del Sol no. Les da igual tratar mal a los clientes porque son maricones y son ellos los que pagan para que ellos les follen. Es un ambiente totalmente hostil. Aunque también es verdad que hay clientes a los que les gusta el morbo o la sordidez de lo peligroso. Algún cliente me lo ha dicho: “lo que me da morbo es que me peguen un palizón”. Y eso está ahí sobre la mesa porque son personas que lo han vivido así. Para ellos ese riesgo era cotidiano porque vivieron una época en la que realmente vivían expuestos a la violencia.

La prostitución masculina tiene dos estigmas: el morbo y el rechazo. ¿Son dos caras de una misma moneda?

Yo creo que sí. Asocias que ese morbo merece un castigo. Sobrevuela la idea de una posible sanción moral que puede cumplirse a través de la violencia. Por eso son las dos caras de la misma moneda, cuando en realidad no debería ser así. El morbo no tiene que ir unido a un castigo o una sanción.

¿Qué has aprendido después de trabajar 14 años con hombres que se dedican a la prostitución?

Una de las cosas que más me llamó la atención fue que es uno de los grupos más invisibles dentro del colectivo LGTB. Hemos pasado por el aro de la “normalización” y damos la espalda a los extremos. Pasa con la transexualidad. Nos enfocamos en mujeres transexuales que tienen una actividad laboral “normalizada”. Estupendo porque hasta hace unos años cualquier mujer transexual tenía que estar abocada al mundo del espectáculo o de la prostitución. Actualmente hay más salidas. Pero eso no quiere decir que normalicemos la transexualidad en otros espacios laborales. No nos olvidemos que hay una parte muy importante de las transexuales que siguen estando muy excluidas y siguen ligadas al trabajo sexual. Esto pasa también con los chicos. Puedes ser camarero, director de una empresa o propietario de muchos hoteles en Madrid, pero un tipo que esté en situación de exclusión y que ejerza la prostitución no lo quiero ni mirar. Cuando yo me aproximé a esta realidad, contemplé personas. A veces tienen realidades muy difíciles. Sufren desigualdades al intentar acceder al mercado laboral porque antes sufrieron desigualdades al acceder a la formación. Son personas que no han tenido las mismas oportunidades, se iniciaron en la prostitución y se quedaron enquistadas. Me llamó la atención descubrir que detrás de un chapero hay una persona que tiene un bagaje, una historia de discriminación y que además ha sido víctima de homofobia e incluso de violencia. Y lo que he aprendido, no solo con ellos, sino también de los clientes, es que la sexualidad es muy rica y muy diversa y que hay personas que lo viven muy mal. He aprendido sobre gustos y sobre prácticas sexuales. He aprendido a no juzgarme y a no juzgar. Mira, hace poco acompañé a un chico al médico al que le diagnosticaron VIH. Y me lo contó con mucha vergüenza.

Todavía estamos con eso.

Sobre todo porque en el mundo de la prostitución el VIH es un arma de doble filo. Sigue siendo un tabú incluso en nuestro colectivo. Nadie habla abiertamente de VIH. En las aplicaciones todo el mundo está en PrEP (Profilaxis pre-exposición), pero yo por mi trabajo sé que muchos no están en PrEP, están en tratamiento. Todavía es un tabú. En las saunas, por ejemplo, cuando alguien sospecha que uno tiene VIH siempre hay un listo que se dedica a contarlo para que los clientes no se vayan con él. Así consiguen ganar más dinero. Otra cosa que he aprendido es que hay personas que sufren mucho porque tienen deseos que no se atreven a cumplir. La sociedad les ha educado para no permitirse sentir sus pulsiones. Por eso muchos clientes recurren a un profesional del sexo para tener esa media hora o esa hora de dispersión para ser ellos mismos. Eso es lo que me ha enseñado la prostitución.

¿Las preocupaciones y circunstancias de los hombres heterosexuales que se prostituyen son muy diferentes de las de los hombres gais?

Su mayor preocupación es que son padres de familia. Tiene una realidad muy diferente porque tienen que dar de comer a sus hijos. Pueden estar tres horas en una sauna trabajando y al salir recuperan su esencia e identidad como hombres heterosexuales. Es como si colgasen su uniforme de trabajo en un armario y se olvidasen. Vuelven con su mujer y sus hijos y esa es su vida real.

¿No les supone un problema de identidad acostarse con hombres?

No. Lo tienen muy claro. Son heterosexuales y están trabajando. Es más complicado al revés porque un chico gay es mucho más visible entre el colectivo y su comunidad y el hecho de que le puedan relacionar con la prostitución a menudo le perjudica. En cambio el hombre heterosexual, como no se mueve habitualmente en este mundo, es menos visible y está más protegido.

Entonces la propia comunidad LGTB mantiene ese estigma hacia los profesionales del sexo. ¿Hablaríamos de homofobia sostenida?

Sí. Yo creo que en el colectivo LGTB nos estamos aburguesando. Estamos siendo mucho más elitistas. No sé si eso tendrá que ver con el hecho de que cada vez son más visibles sobre todo los hombres gais del Partido Popular. También tiene que ver la comercialización, por ejemplo, de las celebraciones del Orgullo, aunque se esté consolidando el Orgullo crítico. Cada vez somos más heteronormativos. No queremos ver la vulnerabilidad que seguimos arrastrando por formar parte de una minoría. Arrastramos muchos problemas, aunque no los queramos ver, entre ellos la homofobia, la transfobia y la desigualdad al acceder a la formación y al mercado laboral. Somos víctimas de la homofobia y ni siquiera somos capaces de reconocernos como tal. Desde pequeños hemos naturalizado la violencia y el acoso y a muchos de nosotros nos han robado la infancia. No hemos vivido una infancia como lo hubiese hecho una persona heterosexual.

¿Existe prostitución en reuniones de chemsex o no son conceptos ligados?

Eso es muy interesante. El concepto de chemsex como sexo durante muchas horas con drogas yo lo conozco en prostitución masculina desde hace muchísimos años. A los usuarios se les conocía como clientes de colocón y se daba sobre todo en pisos. Eran clientes que acudían un viernes por la tarde y se iban el domingo. Consumían cocaína o ketamina con varios chicos en el piso. La práctica evolucionó, se añadieron nuevas sustancias y hoy en día el chemsex para mi es ajeno a la prostitución.  Sí es cierto que siempre han existido las drogas asociadas a la prostitución. Antes hablábamos de cocaína y ketamina (clientes de colocón), y ahora hablamos de mefedrona y metanfetamina (chemsex). Otra cosa es también que muchos hombres que ejercen la prostitución y la compaginan con la industria del porno gay han desarrollado, seguramente por tener cotidianamente la droga tan cerca, una adicción a la tina fumada o a la mefedrona inyectada.  En aplicaciones como Scruff ya lo observamos en Madrid: hombres que dentro de sus servicios ofrecen tina fumada. Ese es un problema muy gordo porque acaban desarrollando tanta adicción que se prostituyen primero por la droga, y no tanto por el dinero.

¿Sería como el consumo de heroína en los ochenta?

Efectivamente. Además de que la inyección se ha introducido como un elemento erótico. Antiguamente con el impacto de la heroína la inyección no era erótica. Es más, desde el punto de vista social era muy marginal y era muy duro de ver. Actualmente la gente que realiza chemsex y practica slam erotiza la inyección. Existen páginas de vídeos porno amateur de gente pinchándose. ¿Cómo deconstruyes eso? No puedes y es un problema muy duro. Algunos de los chicos que tratamos tienen poca adherencia y vienen a vernos cuando llevan tres días sin comer, sin dormir, sin descansar y están hasta el culo. Entonces te llaman. Cuando parece que controlan te dejan de llamar, pero vuelven. Es un problema muy grave que además yo creo que denota mucha homofobia institucionalizada. En las altas esferas se considera que es un problema puramente de gais. Y como solo afecta a gais, no es asunto mío, como antiguamente pasaba con el VIH. No lo quiero comparar porque son dos cosas diferentes, es cierto, pero no deja de ser una cosa residual de homosexuales.

Iván Zaro es vicepresidente y trabajador social de la asociación Imagina Más.

¿Por qué consumimos drogas?

Yo creo que hay un problema muy grave de autoestima. Y de no saber relacionarse más allá del sexo y el consumo.

¿Te refieres a clientes y trabajadores del sexo por igual?

Sí, a los dos.

Uno de los chicos que contaba su historia en tu libro decía que podía tener clientes que  llegaban a gastarse hasta 6.000 euros por un servicio que incluyese el consumo de drogas. Consumir solo por la droga, sin llegar a existir relación sexual entre cliente y profesional.

Exacto. Y no consumir solos. Gestiono mi soledad consumiendo drogas. Pago por el servicio y por la droga. Aunque no me excite sexualmente pago por sentirme acompañado. Así es como por su parte el trabajador del sexo acaba desarrollando una adicción. Al principio no se droga por placer, se droga por dinero. Pero a medida que pasa el tiempo y sigue drogándose, se vuelve adicto. De hecho, cuantas más horas estés con esa persona, más dinero vas a ganar.

Si te drogas, el servicio es más caro.

Exacto. A menudo son los clientes los que piden a los chicos que lleven las drogas. Eso les pone en una situación muy vulnerable porque si la policía los para el delito lo cometen ellos, no el cliente. Siempre les digo que si van a consumir, deben tener muy caros sus límites, por ejemplo, no llevando nunca ellos la droga porque se la juegan.

Si la prostitución masculina fuera mayoritariamente heterosexual, ¿se hablaría más de ella?

Sí. Yo creo que no se habla mucho porque venimos de muchos años de persecución y la prostitución entre hombres ha tenido que ser siempre muy discreta. El machismo siempre se ha empeñado en diferenciar la mala de la buena mujer, la prostituta de la que no lo era, para proteger a la que no ejercía. En cambio los hombres siempre han tenido que ser invisibles porque se jugaban penas de prisión y también eran socialmente marginados.

En una entrevista en estoybailando.com decías que una parte del feminismo está en contra de la regularización de la prostitución porque considera que existe abuso, trata y esclavitud hacia la mujer. Por otro lado, otras corrientes feministas abogan por que si la persona ejerce la prostitución de forma voluntaria, se le reconozca el derecho a elegir. En una entrevista que te hizo Luis Antonio de Villena en el programa Las aceras de enfrente de Radio Nacional afirmabas que aquellos que escogen la prostitución como actividad profesional por placer deberían tener derecho a una regulación.   

Exacto. Lo que pasa es que aunque la gran mayoría ejerza la prostitución voluntariamente eso no quiere decir que esta actividad sea inocua. Especialmente cuando hablamos de necesidades económicas. Te va mal una semana porque no has tenido clientes y debes pagar el alquiler. A eso se le llama vulnerabilidad. Además, tienes relaciones con desconocidos. Te expones al VIH, a la hepatitis, a otras Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y también a las drogas. Es una actividad peculiar aunque la ejerzas de forma libre. En España seguimos en el debate de si esto es digno o no. No es digno estar trabajando 40 horas para ganar 800 euros. Eso no es digno y lo hemos normalizado. La prostitución no es buena ni mala y no hay una solución perfecta. En los países donde se ha regulado sigue habiendo trata. En los países donde se ha prohibido sigue habiendo trata. La delincuencia va a seguir ahí regules o no regules.

Los dos colectivos más vulnerables ante el VIH son los hombres y las mujeres transexuales que ejercen la prostitución. ¿Qué podemos hacer?

Implementar medidas de acercamiento a las necesidades de estas personas. Especialmente en ciudades grandes, donde hay densidad importante de hombres y mujeres transexuales que se dedican a la prostitución. Todos ellos deberían saber que existen asociaciones y recursos con los que pueden contar sin ser juzgados, de forma anónima, confidencial y gratuita. Estos recursos además deberían ser nexo de unión con el sistema social y el sistema sanitario. Con las mujeres trans pienso en sensibilizar al personal sanitario para que ellas se sientan acompañadas durante el proceso de transición. Los chicos jóvenes, por ejemplo. Ahora cuando acabe el verano van a tener que pagar su tasa de la universidad. Para pagarla van a empezar a prostituirse por telechapero.com y como nunca han ejercido la prostitución son más vulnerables. Los programas de acercamiento podrían empoderarlos enseñándoles los códigos y las normas que se establecen entre cliente y profesional en una transacción comercial.

¿Se puede educar a los clientes?           

Por supuesto. Los profesionales del sexo son agentes del cambio. Aunque la prostitución se da en ambas direcciones, que sean los profesionales los que tengan el poder. Al fin y al cabo son sus propios jefes. Si tú te empoderas, tú puedes negociar. Si no te empoderas, no habrá nada que negociar y el cliente impondrá sus normas y su precio.

¿Existe alguna diferencia en la vulnerabilidad ante el VIH entre hombres que tienen sexo con hombres y mujeres transexuales? ¿Las políticas de prevención y atención sirven a los dos colectivos por igual?

Sí, sirven por igual, pero la metodología es diferente. Los chicos, por ejemplo, son más independientes a la hora de acercarse al hospital para hacer un seguimiento del VIH. A las chicas también se lo puedes explicar, pero seguramente requieran un acompañamiento porque la transfobia les ha hecho sufrir situaciones de discriminación. Y la consecuencia es que ellas temen acercarse al sistema que las ha maltratado. Otro tema que también trabajamos con los chicos, aunque con las chicas es muy diferente, son los grupos de iguales (seleccionar a los líderes de la comunidad de trabajadores del sexo en cada espacio para empoderarlos en algo específico, como por ejemplo, habilidades de negociación del uso del preservativo o consumo de drogas con los clientes). Una vez formados, estos chicos que son los líderes en sus espacios de trabajo (saunas y pisos) también forman al resto de chicos. Esto con las chicas trans es más complicado porque la relación que tienen entre sí a veces es tóxica e incluso puede ser violenta. Es verdad que tienen amigas y tejen alianzas, pero no tienen el mismo espíritu de comunidad que sí tienen los chicos. Es un mundo muy competitivo y duro entre ellas. La transfobia interiorizada es muy fuerte.

Otra de las estrategias que defiendes para luchar contra la vulnerabilidad de estos grupos es la implementación de la PrEP. En este sentido, en tanto que agentes del cambio, ¿los jóvenes que se prostituyen pueden ser educadores en PrEP?

Sí, por supuesto. A veces cuando hacemos talleres de ITS y definimos las infecciones, explicamos las sintomatologías y ponemos fogografías, ellos mismos reconocen que tienen clientes con lo mismo que sale en las fotos y les dicen que tienen que irse al centro Sandoval o a Drassanes a hacerse pruebas médicas.  Como el sexo es su herramienta de trabajo tienen la información muy a mano. Piensa que en un momento de intimidad con un cliente este puede ser más receptivo a escuchar a alguien que sabe de lo que habla. Sí que podrían ser agentes del cambio con la PrEP, y más teniendo en cuenta que el uso del preservativo está cayendo en picado. De hecho, lo más común es que si proponen el uso del preservativo, la negociación termine.

Recibiste una gran atención mediática cuando publicaste el libro. ¿Has notado algún interés en solucionar las vulnerabilidades a las que se exponen los profesionales del sexo?

Creo que ha servido para reconocer su existencia. Hemos pasado de no existir a existir. Se empieza a reconocer que la prostitución es poliédrica. No es ni blanca ni negra y si tiene una cosa en común mire por donde se mire son las desigualdades. Pero más allá de eso no ha habido aproximación ni interés real por solucionar nada.

Comentarios de Facebook

Escrito por
Daniel Vilosa

Periodista especializado en actualidad LGBT, es fundador de La Pluma Invertida. Trabaja como ejecutivo de cuentas en la agencia de marketing Goalplan y gestiona puntualmente medios en el gabinete de comunicación IP Comunicación. Vive en Barcelona.

Ver todos los artículos
Envia una respuesta
Escrito por Daniel Vilosa

Daniel Vilosa