El Círculo de Costura

A cualquiera entre quienes tenemos alguna proximidad al cine, el Hollywood clásico nos despierta cierta nostalgia. Esa aura vaporosa. Ese blanco y negro. Esas tramas a veces inocentes desde la visión actual nos enamoran, incluso aunque no sigamos demasiado las historias. Especialmente cautivantes son las actrices de este periodo, elevadas a la categoría de estrellas, iconos del glamour, denominadas así por la propia industria.

En 1930 Marlene Dietrich sorprende a los espectadores con una aparición reveladora para su época. En el largometraje Marocco (Josef von Sternberg, 1930) la actriz interpretó a la cantante Amy Jolly, quien, en una escena deslumbrante, aparece vestida de hombre.

En el film Dietrich abría sus piernas como un hombre. Fumaba como un hombre. Bebía una copa de un solo sorbo: ¿como lo haría un hombre? Besaba a una mujer y hasta le regalaba una flor a un hombre.

La película llamaba a la provocación, pero ni al personaje ni a la actriz esto pareció importar mucho.

Comportamientos como estos, en una industria que comenzaba a abordar temáticas más complejas, surtieron un efecto reactivo en ciertas agrupaciones de Estados Unidos que velaban por la integridad en las proyecciones de cine.

La Liga Nacional por la Decencia denunció este tipo de escenas, consideradas indecorosas y perversas, y dio inicio a una censura sobre las manifestaciones culturales que, por ejemplo, cuestionaban los parámetros de género. Incluso en 1934 lograron que se prohibiese cualquier forma de representación de la homosexualidad en el cine.

Ante el acoso de los moralistas y de los propios medios de espectáculos, hubo respuestas diferenciadas. Algunas producciones se estancaron, otras decidieron moderar sus contenidos y solo unos pocos valientes se atrevieron a más.

Todo ello también proyectó a los actores y las actrices: si los contenidos eran escandalosos, sus vidas privadas también despertaban curiosidad. Los romances de la pantalla grande podían tener alguna repercusión en el mundo real y muy frecuentemente eran tema obligado en las reuniones sociales.

En la misma línea de lo que despertaba cierta antipatía, se encontraban los rumores acerca de protagonistas de películas que tenían tendencias calificadas como “desviadas”. Una de ellas fue la propia Dietrich, a quien se la estigmatizó por frecuentar la compañía de señoritas en lugar de la de caballeros.

Fue entonces cuando varias artistas de ese entonces entre las que había escritoras, guionistas y actrices principalmente, comenzaron a reunirse clandestinamente para evitar la lupa acusadora de los grupos ya mencionados.

Había nacido el Círculo de Costura (Sewing Circle).

El grupo básicamente realizaba tertulias, con mucha restricción acerca de quién era invitado y con prohibición absoluta de revelar lo que ahí ocurría. Investigaciones como la de Axel Madsen (2002) dejan al descubierto el por qué del secretismo en dichos espacios: las mujeres que asistían practicaban las relaciones sexuales y afectivas con otras mujeres.

Algunas de las asistentes más reconocidas fueron Greta Garbo, Joan Crawford, Ava Garner y Tallulah Bankhead, entre otras. Eran fiestas privadas repletas de personajes públicos en las que esas mujeres disfrutaban de un espacio seguro y privado para vincularse sin tapujos. Según el propio Madsen, se dejaron ver abierta y visiblemente como lesbianas.

Los lugares de reunión muchas veces fueron las residencias de las propias participantes y solían ir de forma secreta y a escondidas. Las reuniones no se publicitaban y entrar estaba estrictamente condicionado a la aprobación de las miembros del propio círculo, aunque pocas veces se negaban a ver caras nuevas.

En su interior, egos muy altos se enfrentaban y había hasta pequeñas rivalidades por demostrar quien podía conseguir más conquistas o quién realizaba la performance más estrafalaria.

En cierto sentido, estas mujeres comprendieron que la sociedad no estaba preparada para ellas y decidieron crear un mundo íntimo, seguro, altamente erudito, divertido y glamuroso.

Como puede ser entendible, los límites de hasta dónde llegó la influencia del Círculo de Costura son difusos: aunque en cierta forma fueron descubiertas y evidenciadas indirectamente por la prensa, nunca se sacó a la luz una alusión explícita sobre su existencia.

Dietrich, una de las principales anfitrionas de esas fiestas, jugaba con estos rumores y se divertía. Hizo visible su masculinidad e incluso en fue reconocida en Estados Unidos, Francia e incluso Israel por su lucha contra el nazismo: que en la memoria quede su famoso Lili Marleen.

Se podría pensar que dichas mujeres optaron por esconderse, la inquisidora persecución  las habría hecho vulnerables. Pero lo cierto es que la lectura debe realizarse desde el otro lado: eran mujeres desinteresadas en alterar sus estilos de vida, que disfrutaban de la fama y que tomaron conciencia de su poder dentro de este contexto. No modificaron su manera de vivir ni alteraron sus patrones de comportamiento.

En público eran las divas. En privado dieron rienda suelta a sus personalidades reales sin actuar y relacionándose de una forma libre, visualizando la diversidad de conductas sexuales. Ser lesbiana o bisexual no era algo negativo, y había que ejercerlo.

De las mujeres antes mencionadas, solo Crawford obtuvo el Oscar a mejor actriz en su impecable actuación en Mildred Pierce (donde hace un papel muy heteronormativo de madre que sufre).

¿Castigó acaso la Academia de Cine a las mujeres del Círculo de Costura? Es muy probable que la respuesta sea afirmativa, pues se trata de un premio profundamente político. Casi todas las mencionadas fueron nominadas, pero nunca obtuvieron la estatuilla, lo que nos lleva también a la premisa anterior: puede que fuesen espiadas, expuestas y mal miradas, pero en ningún caso se las podía dejar de considerar.

Y así se presentaron ellas siempre: deslumbrantes, enigmáticas y sublimes. Mujeres empoderadas que no tuvieron miedo de seguir siendo quienes eran. En este sentido, el Círculo de Costura fue una realidad que hoy en día miramos con incluso cierta admiración, dadas las estrellas que participaron (icónicas hasta hoy) y la resistencia que ofrecieron.

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Escrito por
Néstor Urrutia

Doctor en Culturas en Contacto en el Mediterráneo de la Universidad Autónoma de Barcelona. Profesor en la Escuela de Historia de la Universidad Diego Portales. Vive en Santiago de Chile.

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