Diez años de diversidad en Hollywood
Diez años de diversidad en Hollywood

Diez años de diversidad en Hollywood

Fotografía de Fernando Garín

¿Cómo nos han tratado los Óscar de esta década?

En contra de lo que muchos piensan, la década todavía no ha finalizado. Lo hará el próximo 31 de diciembre.

Así que estos han sido los últimos Óscar de esta década (2011-2020).

Muchos han lamentado la escasez de films LGTB en esta gala, especialmente en comparación con el año pasado. Resulta un momento idóneo para hacer balance sobre cómo la Academia ha premiado el cine LGTB en los últimos diez años. Indiscutiblemente, los cambios sociales experimentados han sido notables, pero ¿ha sabido la Academia seguir el paso?

Empecemos por un hecho histórico: una película de temática LGTB se alzó con el Óscar a la Mejor película por primera vez, 88 años después del nacimiento de los premios.

La producción independiente de Barry Jenkins Moonlight (2016), que se impuso contra pronóstico a la gran favorita La La Land (2016), narraba con una deliciosa sensibilidad la infancia, adolescencia y madurez de Chiron, un chico afroamericano y homosexual que crece en un conflictivo suburbio de Miami.

Este inusitado éxito, marcado por el disparatado error protagonizado por Warren Beatty y Faye Dunaway, supuso la victoria de un film abiertamente gay, con el segundo menor presupuesto de la historia e íntegramente interpretado por actores negros.

Su triunfo demostró que el cine de temática LGTB, circunscrito desde los años setenta al circuito de festivales, no solo tenía viabilidad comercial sino que incluso podía tocar el cielo de Hollywood.

22 nominaciones LGTB en diez años

Además de Moonlight, en el último decenio otras 11 películas con temática o personajes relevantes LGTB han gozado de nominación a la máxima categoría, que son 16 si sumamos las películas en habla no inglesa y los documentales.

A todo ello hay que añadir 22 nominaciones a personajes LGTB, de las cuales 7 obtuvieron el Óscar. Una cifra nada desdeñable y sin precedentes en la historia del cine. Aunque, dado que el peor enemigo de cualquier reivindicación es la autocomplacencia, no solo debemos hablar de méritos sino también de cuentas pendientes.

Nada ha demostrado tan buena acogida estos años como las películas biográficas sobre personajes LGTB.

La Reina Ana de Inglaterra, la artista trans Lili Elbe, el matemático Alan Turing, el pianista Don Shirley, la escritora Lee Israel o el inimitable Freddie Mercury han sido algunas de las dispares personalidades que han permitido colocar sus producciones entre los nominados.

Su principal virtud ha sido revitalizar la memoria de históricas figuras LGTB, algunas desconocidas incluso para el propio colectivo.

Sin embargo, la forma de abordar dichos personajes ha tenido tantas luces como sombras. El tratamiento del fenómeno LGTB como algo tangencial (The Imitation Game, Green Book), la heterosexualización del personaje (Bohemian Rhapsody) o la interpretación de personas trans por hombres cishetero (La chica danesa) han sido algunas de las principales críticas a este subgénero que, no obstante, ha cosechado un gran éxito.

Las dos grandes historias de amor homosexual de esta década de Óscar llegaron con Carol (2015) y Call Me by Your Name (2017), merecedoras de 6 y 4 nominaciones respectivamente.

Ambas optaron valientemente por situar el amor homosexual de sus protagonistas como tema central, recibiendo el aplauso casi unánime de crítica y público.

Sus historias, tan humanas como universales, lograron aproximar la temática LGTB al público mayoritario a golpe de empatía. Al fin y al cabo, la forma de sentir y amar de Carol o Elio no eran tan diferentes a las de cualquier otro corazón latiente.

Especialmente renovadora resultó la fábula estival de Luca Guadagnino, que huyó del componente trágico que lastraba a la homosexualidad desde antaño, enfatizando la naturalidad positiva del hecho gay.

“Habría sido un padre horrible si algún día tú hubieses querido hablar conmigo y yo hubiese dejado la puerta cerrada o no lo suficientemente abierta”, le dice Mr. Perlman a su hijo Elio, en un emocionante y esperanzador discurso sobre la aceptación que merece pasar a la historia.

Mayor visibilidad lesbiana

También ha sido una gran noticia constatar la creciente visibilidad de historias protagonizadas por lesbianas entre las nominadas como Mejor película: Los chicos están bien (2010), Cisne negro (2010) y La favorita (2018).

Natalie Portman y Olivia Colman, cosecharon sendos Óscar a Mejor actriz por papeles donde evidenciaban relaciones lésbicas. Y cómo no recordar Una mujer fantástica (2017), que trajo a Hollywood una historia sobre la realidad transgénero desde Chile.

Logró alzarse con el Óscar (Mejor película de habla no inglesa) el año en que su protagonista, Daniela Vega, se convirtió en la primera mujer trans en entregar un premio en la gala.

Y, desde la perspectiva hispanohablante, no podemos olvidar nuestra Dolor y gloria (2019), además única película abiertamente LGTB entre las nominadas de este año. Todo ello revela que, aunque la mayoría de los personajes LGTB siguen correspondiéndose con hombres gais, las mujeres lesbianas y personas trans están ganando cierta visibilidad.

Desafortunadamente, otras orientaciones sexuales e identidades de género, como las personas bisexuales o las no binarias no encuentran todavía una representación significativa.

Dejando de lado el plano cinematográfico, no podemos obviar que los Óscar son, ante todo, un espectáculo seguido por millones de espectadores. Y, aunque a veces tedioso y objeto de críticas por doquier, son numerosas las ocasiones en que la gala nos ha ofrecido homenajes más o menos acertados a la comunidad LGTB.

Así, en 2011 los presentadores James Franco y Anne Hathaway aparecieron travestidos y, esa misma noche, Javier Bardem y Josh Brolin bailaron juntos y se dieron un beso que, por cierto, la realización deliberadamente no permitió ver en directo.

El valor de la música

Aunque los gestos más visibles han venido desde el gremio musical.

Memorables fueron la partipación del coro gay de Los Angeles en 2013 y la interpretación de Pink de Over the Rainbow con motivo del 75º aniversario de El mago de Oz.

Entre los artistas más comprometidos han estado el ganador del Óscar a la Mejor canción Sam Smith, quien dedicó su estatuilla a la comunidad LGTB, o Janelle Monáe y Elton John, que en esta última gala han sabido aprovechar muy bien su momento para reinvindicar con orgullo su identidad LGTB.

Todos ellos han sido pequeños grandes gestos que han ayudado a generar el valioso debate social sobre la visibilidad. Aunque, si algo ha evidenciado el giro hacia la diversidad de la Academia, ha sido la designación como conductores de la gala de Ellen de Degeneres (2014) y Neil Patrick Harris (2015), destacados activistas LGTB que han manifestado sin complejos su apoyo a la causa.

Logros personales, detrás de la cámara

Otro buen indicador del cambio positivo es el referido a los logros personales del colectivo LGTB en los Óscar. Durante esta década, 14 premios han recaído sobre personas lesbianas, gais, bisexuales o transgénero. En total, 56 nominaciones (frente a 47 de la década anterior), que representan un poco menos del 5 % del total de los últimos 10 años.

Casi la mitad de ellas corresponden a 5 categorías consideradas menores (canción original, película de animación, banda sonora, maquillaje y diseño de vestuario), mientras que ningún director o directora LGTB ha resultado premiado desde 2009.

Sin duda, la evolución de estos datos dependerá de la dificultad para salir del armario públicamente; en este ámbito es donde queda más trabajo pendiente. Duele constatar que ningún actor o actriz haya recogido todavía un Óscar protagonista como LGTB reconocible públicamente. Así como que todos los premiados por interpretar a personas LGTB sean cishetero, algo que plantea el reto de conseguir reconocimiento por representarnos a nosotros mismos.

En resumidas cuentas, esta década será recordada por la notable presencia del fenómeno LGTB en Hollywood. Revitalizar una parte de nuestra historia de lucha por los derechos civiles, naturalizar a los personajes LGTB y aumentar la exposición de la diversidad sexual y de género en la industria del cine han sido nuestras principales conquistas.

Carol, Moonlight o Call Me by Your Name, colocadas en numerosas listas entre las 10 mejores películas de la década, han demostrado que el cine LGTB ha dejado de ser un hecho marginal para convertirse en un fenómeno global, creando referentes en los que las nuevas generaciones puedan mirarse.

Y resulta un verdadero triunfo que las historias de amor y dolor de las personas LGTB entren en el circuito más comercial, con capacidad para llegar a la mayoría social. Especialmente, el aumento de la visibilidad LGTB en los Óscar tiene una importancia fundamental en la transformación social, habida cuenta de que los premios de la Academia son el principal reclamo para una gran parte del público a la hora de acudir a una sala de cine.

Esperemos que, en la década venidera, el impulso de valientes creadores y artistas permita que las historias y los sueños de las personas LGTB sigan proyectándose en la gran pantalla.

Para tener un lugar donde mirarnos.

Para que nunca más volvamos a ser invisibles.

Comentarios de Facebook

Escrito por
Fernando Garín
Ver todos los artículos
Envia una respuesta
Escrito por Fernando Garín