Los besos de Sant Jordi

Los besos de Sant Jordi

El 23 de abril seguramente sea uno de esos días del año en los que repartamos más besos. Los besos de las fiestas de Navidad no cuentan porque no siempre son sinceros. Los besos que damos en Sant Jordi sí son besos de verdad.

Besos en las mejillas. Dulces y tiernos. De los que hundes la nariz en los pómulos y aún te gustaría recorrer más trecho.

Besos en la boca. Discretos o furtivos. Sinceros. Auténticos morreos.

En Sant Jordi celebramos el amor porque es verdad que existe y es mentira eso de que las palabras se las lleva el viento. Ya le gustaría al viento poder soplar todas las palabras que se escriben en Sant Jordi.

No hay mayor muestra de amor que regalar un libro. Y si quien te regala el libro se lo ha leído primero, ya ni te cuento: eso excita y acabas follando. Yo creo que los mejores polvos se echan los veintitreses de abril.

Por todas estas razones para muchos, por no decir casi todos, Sant Jordi es nuestro día favorito del año.

Esta vez me lo tomaré con calma. Intentaré que sea tranquilo. Trabajaré todo el día y saldré más tarde de lo previsto de la agencia. No me importa. Al contrario que otros años, esta vez no he querido cogerme el día libre para no ahogarme en responsabilidades autoimpuestas corriendo de un sitio para otro como si no hubiera un mañana. No entiendo por qué lo que debería ser la celebración de una tradición se acaba convirtiendo en la máxima expresión del estrés.

Pasearé. Si puedo, me encontraré con amigos. Pero si no, solo me esforzaré en recorrer diez metros en tres minutos si realmente merece la pena. Cogeré aire. Me daré el derecho a perderme y a no encontrarme.

Creo que nadie me regalará una rosa, pero nunca se sabe.

Como tampoco sabes lo que va a pasar ni a quién te vas a encontrar. Yo siempre me choco con gente que solo veo ese día y es como si el encuentro tuviera más valor. Toparme con alguien que aprecio el día de Sant Jordi, aunque no lo vea a menudo, tiene una connotación especial que me hace inmensamente feliz.

No creo que me regalen un libro, pero como me dijo un amigo una vez, Sant Jordi es un momento fantástico para autorregalarte uno especial, uno que desees mucho y muy fuerte.

Como si fuera un acto de recompensa por seguir vivo. Como si fuera un beso en tus mejillas, dulce y tierno en el que alguien hubiera hundido su nariz.

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Escrito por
Daniel Vilosa

Periodista especializado en actualidad LGBT, es fundador de La Pluma Invertida. Trabaja como ejecutivo de cuentas en la agencia de marketing Goalplan y gestiona puntualmente medios en el gabinete de comunicación IP Comunicación. Vive en Barcelona.

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