Amor de WhatsApp

Mañana me voy de vacaciones tres semanas por Europa. Estoy muy contento porque tengo muchas ganas de desconectar y coger aire fresco. Hoy sé, sin embargo, que será un no parar: hacer la maleta, poner dos lavadoras, limpiar un poco, visitar a mi madre, dejarle a un amigo las llaves de casa… No importa, todavía es temprano y tengo tiempo para todo.

Brr. Oh, parece que tengo un mensaje. Siempre dejo las apps encendidas aunque esté haciendo otras cosas. Aunque al día siguiente me vaya tres semanas de viaje por Europa. Aunque tenga la casa patas arriba. Aunque tenga que visitar a mi madre o contestar correos importantes del trabajo.

Te llamas Pedro. Eres mono. ¿Un café después de comer? Va, venga. Siempre tengo tiempo para tomarme un café con un desconocido.

Nos conocemos y nos gustamos. Te quiero gustar y tú quieres que me esfuerce en gustarte. Nos hemos separado con esa muletilla tan formal y socorrida de podríamos repetir, que bien podría traducirse por un me gustaría volver a verte.

Al día siguiente llego a Atenas al mediodía. Consigo WiFi en el aeropuerto y ahí veo tu mensaje: ¡Hola! ¡Espero que hayas tenido un buen vuelo! Disfruta mucho de tus vacaciones, seguimos en contacto. [Emoticono de carita sonriente tierna, tímida y contraída]”. Seguimos en contacto, dices. ¿Y si esta vez no fuera una muletilla? Sonrío y empiezo mis vacaciones.

Cada día hablamos más. Mi tercer día en Atenas nos deseamos incluso los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches. A partir de Tesalónica me arrancas erecciones en cada trayecto entre ciudades conectadas a Internet. Mi primera noche en Corfú nos deseamos pero de verdad y nos imaginamos por escrito qué nos haríamos el uno al otro a través de las pantallas de nuestros móviles. En Creta me hablas de tu familia y de tu trabajo, de quién eres y de quién te gustaría ser. Yo te hablo de mi ex compañero de piso, de mi dolor cronificado de cadera y de como mi mayor miedo es que nadie vuelva a quererme como me quisieron en el pasado. En Karpathos, además, me hablas de los problemas de salud de tu padre y te prometo que cuando regrese a Barcelona te acompañaré a mi médico de cabecera porque me siento plenamente conectado contigo.

A mediados de mi segunda semana de viaje llego a Varsovia. La primera noche allí me atrevo a contarte que mi corazón está preparado para volverlo a intentar y otra noche más nos homenajeamos en la distancia quitándole horas de sueño al descanso. En Cracovia nos confesamos lo que todavía no nos hemos atrevido a hacer con nadie en la cama y nos prometemos que la próxima vez que nos veamos lo probaremos.

Diez días después aterrizo en El Prat y al encender el móvil veo tu mensaje invitándome a cenar. Acepto, claro, porque me muero de ganas por estar hoy contigo aunque al día siguiente madrugue para ir a trabajar.

Tras una cena romántica y una noche espectacular me voy a trabajar dormido, pero inmensamente feliz.  Ya en la oficina no dejo de pensar que nos gustamos y que podrías ser un candidato a no sé muy bien qué, pero un candidato al fin y al cabo. Esa noche me acuesto en mi cama preguntándome si de alguna manera debería ir pensando en replanificar mi vida.

El martes te propongo ir a la playa el viernes por tarde. Aceptas. Esos días hablamos con normalidad y el jueves te pregunto cómo quedamos al día siguiente, pero me respondes que ya has hecho planes con tu mejor amigo. Me sorprendo y por primera vez desde que te conozco siento que vivimos en realidades paralelas. Tú ya habías decidido que no íbamos a ir a la playa pero si yo no llego a preguntar, nunca me hubiera enterado. Me siento contrariado y solo atino a decirte pásalo bien, disfruta.

Cuatro días de tenso silencio después necesito enviarte un mensaje diciéndote que se me hace extraño que hayamos pasado de estar en contacto cada día, todo el día, durante más de tres semanas, para pasar al cero más absoluto. Te escribo diciéndote que sea lo que sea lo que haya pasado entre nosotros, no deberíamos dejarlo en este limbo de no saber qué está ocurriendo. No es bonito y no nos lo merecemos.

Tú me contestas diciéndome que para ti la cena romántica y la noche espectacular ni fue romántica ni fue espectacular. Tienes la sensación de que no estuvo en casa la persona con la que habías hablado y compartido tu tiempo durante esas últimas tres semanas. Tus expectativas, dices, chocan con la realidad.

Me quedo en silencio. Sin palabras. Unos días después hago lo habitual: borro tus fotos, las conversaciones de móvil, tu número de teléfono y todo aquello que me recuerde a ti.

Cómo si nunca hubiese ocurrido.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s