Dos Bigotes: “La literatura te pone en el lugar del otro y derriba prejuicios. Eso también es activismo”

Fotografía de Alberto García Palomo.

Alberto Rodríguez y Gonzalo Izquierdo fundaron la editorial Dos Bigotes como resultado de un viaje profesional que bien podría haber sido la historia de Sylvia, Lorenzo, Ariel o Leandro en el exquisito Saber perder de David Trueba. Tres años después siguen poniendo el acento en que correr más deprisa no significa llegar el primero. En 2018 tienen previsto publicar su primera novela gráfica. Este es el resultado de la conversación que tuve con ellos.

Hace tres años y medio decidisteis montar una editorial. ¿Qué oportunidad visteis a mediados de 2014 aun sabiendo que el sector no estaba atravesando su mejor momento?

Alberto Rodríguez: Nos despidieron en junio o julio de 2013 y el primer título de Dos Bigotes salió en abril de 2014. Ese verano de 2013 estuvimos pensando qué hacer con nuestras vidas. Es cierto que el sector editorial estaba en crisis, pero el periodismo, de donde veníamos, tampoco estaba mucho mejor. Hacía un tiempo que estábamos pensando en montar un proyecto cultural, pero no podíamos hacerlo porque teníamos horarios incompatibles entre nosotros y le dedicábamos mucho tiempo al periodismo. No teníamos tiempo para hacer otra cosa. Tras el despido nuestra experiencia como periodistas fue una oportunidad para iniciar un proyecto que sí queríamos hacer. Fue una editorial no tanto porque viéramos una oportunidad de negocio, sino porque queríamos montarla. Fue motivación personal. No pensamos tanto en cómo íbamos a vivir en el futuro a medio o largo plazo, sino que lo que nos impulsó fue una cosa que realmente queríamos hacer.

Gonzalo Izquierdo: En la vida a veces surgen oportunidades. Fue una manera de reinventarnos. Apostar por algo que nos apetecía mucho hacer y en lo que pensábamos que sí que podíamos aportar una mirada diferente.

A.R.: Invertimos la suma del despido en poner en marcha la editorial, conseguir los primeros contactos, gestionar los contratos, hablar con los traductores, etc. Todo empezó como una motivación y un impulso personal.

G.I.: Como periodistas teníamos contactos con el sector editorial. Investigamos y nos preparamos de forma autodidacta. Hicimos un curso de edición que fue casi un curso personalizado porque los únicos que teníamos un proyecto editorial de verdad éramos nosotros. El curso acabó en diciembre y el primer libro entró en imprenta en marzo.

A.R.: En ese curso estaban Xavi Azpeitia, Enrique Redel, Alberto Marcos y otros editores que nos dieron consejos sobre cómo iniciar el proyecto. También hablamos con muchas librerías para contarles lo que queríamos hacer. La gente pensaba que estábamos locos, pero cuando explicábamos qué queríamos que fuera Dos Bigotes, sí que la gente nos animó y apoyó mucho.

En España cada vez se lee menos. Las editoriales juegan con tiradas cada vez más cortas para no quedarse con stock, pero al mismo tiempo cada año aumenta el número de publicaciones. ¿Cómo explicáis vosotros este fenómeno?

G.I.: Es una trampa contra la que intentamos escapar, pero es difícil. Creo que la crisis económica se ha traducido en pérdida de beneficios y una manera de compensar es aumentando el nivel de publicaciones. A pesar de ese aluvión de nuevos títulos, también hay nuevos lectores. No es incompatible. Sigue habiendo antiguos lectores que se pueden reenganchar y nuevos lectores por descubrir. Ese es el nicho de lectores a dónde vamos nosotros.

A.R.: Exacto. Nuestra idea es recuperar lectores que por algún motivo han dejado de leer, sea por desinterés en las publicaciones, sea por cuestiones económicas. También queremos generar nuevos lectores. Pensamos que ofreciendo algo diferente podemos llegar a gente que hasta ahora no estaba leyendo o que podría interesarse por lo que estamos publicando. Quizá somos ingenuos,  pero sí que pensamos que aunque no se lea mucho, siempre es posible darle la vuelta a esta situación y generar nuevos lectores.

Para vosotros es importante generar confianza.

G.I.: Claro, esa es la base. El trabajo de todas las editoriales, aunque quizás es más importante en las editoriales pequeñas, es generar confianza en el futuro lector. Los lectores se tienen que fiar de lo que publicas. Para conseguirlo es muy importante ser coherente en tu catálogo y no dar gato por liebre. Nosotros debemos tener mucho cuidado con lo que publicamos porque no nos podemos permitir demasiados errores, en el sentido estricto de fidelizar lectores.

A.R.: Cualquier libro que no tenga la calidad suficiente te puede lastrar el resto del catálogo.

¿Cómo se sostiene una pequeña editorial independiente?

A.R.: La clave es que somos pequeños. Eso nos permite mantenernos con pocos beneficios. Asumimos mucho trabajo: comunicación, redes sociales, maquetación, corrección, lectura de manuscritos, investigación, llevamos todo el tema económico, etc.

Os convertís en especialistas de varios procesos.

G.I.: Al principio es la manera en que hay que hacerlo. La clave también es, y lo hemos tenido siempre muy claro, ir muy poco a poco. Intentamos seguir los pasos adecuados. Ser arriesgados en algunas cosas, como por ejemplo en lo que publicamos, pero en otras ser más conservadores para intentar mantenernos el mayor tiempo posible.

No os disteis prisa.

G.I.: No, no, para nada. Preferimos publicar menos. Necesitamos estar convencidos de todos los riesgos que tomamos con lo que vamos a publicar. También preferimos dedicar el tiempo que haga falta a todos los procesos de edición. Es cierto que en estos tres años los ritmos cada vez son más rápidos. Al principio todo era mucho más lento y cansado pero ya hemos automatizado algunas tareas.

A.R.: No tenía sentido empezar rápido, quemarnos al principio y luego no poder subsistir. Queríamos hacerlo todo despacito justo para poder mantenernos durante más años. Haciéndolo así vemos que el resultado está siendo muy positivo para nosotros. Cada año estamos creciendo un poquito más y nos conoce más gente. No hacía falta correr para llegar a donde estamos ahora.

Una de vuestras señas de identidad son las portadas que diseña el ilustrador Raúl Lázaro. Forman parte de vuestra marca, junto con vuestro logo. ¿Por qué os fijasteis en él y no en otro diseñador?

A.R.: Desde el principio teníamos muy claro que tanto el contenido como el diseño de los libros debía ser una seña de identidad de Dos Bigotes. Conocimos a Raúl a través de su página web, vimos los trabajos que estaba haciendo y nos gustó mucho. Quedamos con él y le contamos nuestro proyecto. Coincidimos en la forma de trabajar. Le dejamos total libertad para que aborde cada portada de la forma que considere más conveniente. Sí que le damos algunas pautas y los trazos principales de cada historia, pero luego él las aborda de una forma totalmente personal. Nos gusta mucho porque escapa de lo obvio. Es más conceptual que otra cosa.

G.I.: También nos gusta que el conjunto de las portadas de Dos Bigotes interpela un poco al posible lector y le genera ciertas preguntas de lo que puede contener el libro. Nos gusta ese juego de no dejarlo todo muy claro. Va muy acorde con nuestra filosofía.

A.R.: Siempre decimos que Raúl es el tercer bigote de la editorial. Somos Gonzalo y yo pero la pieza fundamental para que esto pueda funcionar es Raúl. El logo, por ejemplo, es de Álvaro Oñate. Es un amigo que nos propuso un logo y nos encantó. Es muy sencillo y nos encajó en lo que queríamos nosotros.

Publicáis autores y escritos con historias mayoritariamente LGTB. ¿Centraros en un público tan específico no implica auto limitaros en las posibilidades de negocio?

G.I.: Nos centramos en un nicho específico porque creemos que existe. Pensamos que ese colectivo al que nos dirigimos es muy diverso y desde el primer momento hemos pretendido que nuestras publicaciones gusten tanto a lectores del colectivo LGTB como a todos aquellos a quienes  les guste la buena literatura. Estamos aquí para derribar los posibles prejuicios que puedan existir.

A.R.: Más que una limitación al crecimiento, especializarnos nos ayudó a que la gente nos identificara y se interesara por nosotros. Conseguimos llegar rápido al público y quizá con otro tipo de publicaciones no lo hubiéramos conseguido. Es verdad que puede ser complicado saltar la barrera y hacer que cualquier tipo de lector se interese por nuestros libros, pero creemos que sí lo estamos consiguiendo. Nos gustan los lectores que se arriesgan, que quieren descubrir cosas nuevas y que no les suponga un esfuerzo leer historias LGTB. Buscamos lectores curiosos e inquietos, vaya.

Habláis de apoyar la diversidad, pero existen diferentes enfoques para hacerlo. ¿Cuál es el enfoque LGTB de la editorial Dos Bigotes?

G.I.: Desde el principio queríamos buscar aquellas historias que se pudieran apartar de algunos lugares comunes por los que había transitado la literatura LGTB que a nosotros como lectores a estas alturas ya no nos interesaban demasiado.

A.R.: Buscar historias que reflejen toda la diversidad del colectivo. Son muchas siglas y no siempre todas ellas están representadas en la literatura, o en la cultura, o en la sociedad en general. Nuestra labor quiere ser la de visibilizar la mayor diversidad posible del colectivo. También queremos que los personajes y las historias LGTB se integren con total normalidad en la trama y en el libro en sí.

G.I.: Dentro de esa especialización buscamos las buenas historias. Buscamos buenos libros de buenos autores. Como editorial nuestro trabajo consiste en encontrar historias que nos enamoren para luego transmitirlas.

Pero cuando habláis de diversidad LGTB, ¿a qué tipo de historias os referís? ¿Transexualidad? Y más allá del sistema sexual binario, ¿tocaréis otras identidades sexuales más alejadas de la normatividad conocida?

A.R.: Sí, es nuestra intención. Es difícil dar voz a todas las sensibilidades dentro del colectivo, pero lo queremos hacer. Hemos publicado historias que tienen la transexualidad adolescente como uno de los ejes a desarrollar y también buscamos historias en las que se pueda ver reflejada la gente más joven. Temas de género fluido todavía no los hemos abordado en ningún libro, pero sí que lo tenemos pendiente.

G.I.: Dentro de esa búsqueda sí que quisimos mirar un poco fuera de nuestras fronteras y ver cómo vive el colectivo LGTB fuera de España. Cómo vive en Rusia, en Cuba y en varios países de África. La filosofía de la editorial también va un poco por ahí: dar visibilidad a la diversidad más allá de nuestras fronteras.

En vuestra lista de escritores tenéis unos cuantos autores conocidos, pero son muchos más los desconocidos para el gran público.  ¿Qué ventajas tiene apostar por autores que todavía tienen poca presencia, sabiendo que eso supone un riesgo en sí mismo?

A.R.: Desde el principio uno de nuestros objetivos ha sido publicar autores noveles o no muy conocidos por el gran público. Alternamos aquellos que tienen un grupo de seguidores más amplio como Eduardo Mendicutti, Luisgé Martín o Fernando J. López con autores noveles que no tienen la oportunidad de publicar en editoriales más grandes. La ventaja es más personal que otra cosa. Es una satisfacción publicar autores noveles si creemos que merecen la pena ser publicados. No publicamos a cualquier autor novel, como tampoco publicaríamos a cualquier autor consagrado. La labor del editor consiste en descubrir nuevas voces, nuevos talentos y dar oportunidades a la gente. Es un riesgo, pero contamos con ello. Además, estamos hablando de autores únicamente españoles en los que, al no implicar un coste de traducción, el riesgo es menor. Más que ventajas a nivel económico o editorial, creo que la gran ventaja es la realización personal. Es bonito confiar en un autor y que un autor confíe en ti. Acompañarnos en todo el proceso. También nosotros somos editores nuevos, así que si confiamos en un autor nuevo, ese autor también deposita su confianza en nosotros como nuevos editores que están todavía empezando en el sector. Aunque llevemos tres años y medio, todavía somos “nuevos” en un sector que requiere mucho esfuerzo y mucho tiempo para darse a conocer.

G.I.: En estos tres años y medio algunos de los libros que han tenido mejor acogida, tanto de crítica como de púbico, han sido de escritores noveles o casi noveles. Claudio Mazza con Suburbana y El santo al cielo de Carlos Ortega Vilas han tenido una gran acogida. Ortega Vilas este año ha estado nominado a mejor novela negra en los festivales de Valencia, de Salamanca y en la Semana Negra de Gijón. Al final es una apuesta recíproca: el autor apuesta por una editorial joven, y nosotros apostamos por la calidad del autor. Ver que han llegado hasta donde han llegado, como dice Alberto, es una satisfacción. Somos un poco burros en ese sentido y si un texto nos gusta, vamos a por él. Vamos a intentar solventar todos los obstáculos porque pensamos que los libros, a pesar de las dificultades, sí que funcionan por sí mismos.

A.R.: Es obvio que no podemos publicar únicamente autores noveles, porque sería muy complicado subsistir, pero sí creemos que es algo muy importante en el trabajo de cualquiera que se dedique a editar libros.

Hoy por hoy seguís centrados en la ficción. ¿Tenéis previsto publicar poesía en el futuro?

G.I.: Queremos publicar de todo: poesía, ensayo y novela gráfica. Pero en la idea de ir paso a paso, primero queremos afianzar el terreno de la narrativa de ficción para después saltar a otros ámbitos.  La poesía es un género muy exigente y cuando demos el salto, intentaremos hacerlo de la mejor manera posible. Hemos incluido poesía y ensayo en algunos libros, pero evidentemente cuando veamos algo que nos gusta, lo publicaremos.

A.R.: También hemos publicado teatro este año y en el futuro nos interesa publicar narrativa de ficción, pero dirigida a un público más joven, más infantil.

¿Estáis leyendo manuscritos de poetas ahora?

A.R.: No.

Entonces publicar poesía no será el próximo paso.

G.I.: No, el próximo paso probablemente sea publicar novela gráfica en 2018. Pero poesía todavía no tenemos nada. Tiempo al tiempo.

Vuestras antologías gustan mucho. ¿Por qué creéis que tienen tan buena acogida?

A.R.: Creemos que en los casos de El armario de acero o Los deseos afines el interés de las antologías radica justo en que son muchos autores de lugares como Rusia o África, que no están tan presentes en la literatura en España. Otra clave puede ser que una antología permite a un lector descubrir muchos autores diferentes en un solo volumen. Eso puede hacer que el lector se interese después por cada uno de ellos, tanto por lo que han publicado antes como por lo que publicarán en el futuro.

G.I.: En la línea de lo que decíamos de apostar por autores no tan conocidos, una antología te permite combinar autores más reconocidos con otros que no lo son tanto. Así das visibilidad a escritores que no están muy presentes en nuestra literatura o que igual todavía no habían publicado.  Además los lectores de nuestras antologías suelen decir que una de las cosas que más les gusta es precisamente tener la posibilidad de leer autores noveles. La antología nos da también la oportunidad de mezclar a diferentes generaciones en un mismo libro.

¿El concepto sobre el que se asienta Dos Bigotes es activismo?

G.I.: Sí, sí y sí. Alguna vez nos han preguntado si tener una editorial especializada se puede entender como activismo. Creo que sí. En la medida en que la cultura en general y la literatura en particular te ayudan a ponerte en el lugar del otro y a derribar algunos prejuicios, estás haciendo activismo. Igual no estás haciendo activismo “a pie de calle”, pero es otra manera de intentar cambiar las cosas.

A.R.: Sí, sí que lo es. Cuando decidimos montar la editorial sí quisimos que fuera literatura especializada porque sí creíamos que era importante visibilizar una mirada o una cultura LGTB. Muchos libros de la editorial se pueden considerar 100% activismo en el sentido de que visibilizamos autores que no viven en contextos demasiado buenos. Intentamos derribar fronteras y prejuicios.

Fuentes que sirvieron para elaborar la entrevista: Broadly, El asombrarioTregolam, Club de Lectura LGTB Queeruña

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