Orlando, un año después

Hace un año Omar Mir Sediq Mateen entró en el Club Pulse de Orlando (Florida) y mató a tiros a 49 personas después de llamar al 911 y jurar obediencia al líder del Estado Islámico Abú Bakr al Baghdadi. La matanza de Orlando fue un ataque terrorista, pero también fue el mayor ataque homófobo en la historia del mundo occidental desde el Holocausto.

Como ocurrió tras los disturbios de Stonewall la madrugada del 28 de junio de 1969, la noche del 11 de junio de 2016 volvimos a tomar conciencia de quienes somos. El bar Stonewall y el club Pulse eran espacios en los que nos relacionábamos y divertíamos. Mientras que Stonewall  se convirtió en el catalizador del movimiento LGTB en Estados Unidos primero y en todo el mundo después, el club Pulse se convirtió en el guía de los próximos pasos a seguir para la comunidad gay latina de Orlando.

Según el New York Times la comunidad gay de Orlando se volcó en ayudar a los afectados y sus familiares, mayoritariamente hispanos, que tradicionalmente se habían sentido ciudadanos de segunda categoría incluso dentro del colectivo. Hasta entonces esta comunidad consideraba que los servicios existentes no estaban pensados para ellos. No podían disfrutarlos porque o no hablaban bien inglés, o no tenían permiso de residencia, o se sentían marginados, o los tres factores al mismo tiempo. Así fue como nació QLatinx, una organización comunitaria de gais y lesbianas hispanos que se encuentra semanalmente e impulsa proyectos para contrarrestar los estereotipos de lo que significa ser gay e hispano a partir de historias personales. En esta misma línea otra asociación, Proyecto Somos Orlando, ofrece terapia psicológica bilingüe, clases de inglés y asistencia en temas de inmigración.

Pocas horas después del ataque uno de los supervivientes llamó a sus padres latinoamericanos, que residían en el extranjero, para decirles que un amigo cercano había muerto en el club Pulse. “No estarías en ese bar, ¿verdad?” —le preguntaron sus padres. La víctima tuvo que mentir porque ese amigo en realidad era su novio y esa noche sí se encontraba junto a él en el local.

Esta reacción es ya muy minoritaria y queda lejos de la respuesta social que se produjo tras el incendio provocado en el Upstairs Lounge de Nueva Orleans el 24 de junio de 1973, cuando muchas de las familias de las 32 víctimas no reclamaron los cadáveres por vergüenza y los pocos medios de comunicación que mencionaron la tragedia lo hicieron tomándosela a risa y burlándose de las víctimas y de su orientación sexual.

Mucho han cambiado las cosas en cuarenta y cinco años. Los familiares y amigos lloraron a las víctimas porque eran sus seres queridos y poco importaba de quien se enamoraban. Si no importa a quien ames en el dolor, menos debería importar en la alegría de un baile, en la emoción de un beso o en la pasión de un “te quiero”. Las víctimas del Club Pulse lo fueron por ser homosexuales. No lo fueron por ser demócratas, o republicanos, o cristianos, o hispanos, o negros. No fueron asesinados por sus creencias. Fueron asesinados porque visibilizaban su esencia. De Stonewell surgió la celebración anual del Pride. Del Pulse nace el recordatorio de que el Pride existe precisamente para que se respete la visibilidad de nuestra esencia. Guarda un sitio en tu agenda. Se acerca el Pride.

Fuentes: eldiario.es, Univisión, The New York Times,

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